La destacada escritora Dulce María Loynaz es la única creadora cubana a quién por su relevante labor la Real Academia de la Lengua Española le confirió el premio Cervantes en el año 1992.
Ya unos antes en Cuba se le había conferido el Premio Nacional de Literatura.
Resultó considerada como la más grande escritora cubana del siglo veinte.
Nacida el 10 de diciembre de 1902 en La Habana se le puso por nombre oficial María Mercedes Loynaz y Muñoz, aunque desde su infancia se le empezó a identificar como Dulce.
Fue hija del general del Ejército Libertador Enrique Loynaz del Castillo. Realizó sus estudios iniciales en el seno de su hogar con profesores particulares.
Desde muy joven evidenció sus cualidades y sensibilidad como poeta. Precisamente tenía tan sólo 18 años cuando publicó sus primeros poemas. Después viajó a los Estados Unidos y a partir del año 1920 recorrió distintos países de Europa, así como países árabes y de América Latina.
En 1927 obtuvo el doctorado en Derecho Civil en la Universidad de La Habana.
Algunos lustros después colaboró con distintas publicaciones cubanas. Impartió conferencias tanto en Cuba como en España. Igualmente escribió varios libros.
Entre sus obras se encuentran Fe de vida y Jardín.
A través del tiempo fue una de las más relevantes poetisas cubanas y también de América Latina.
Igualmente desempeñó una labor muy fructífera en sus funciones como miembro de varias importantes instituciones, entre las cuales estuvieron la Academia Nacional de Artes y letras, la Academia Cubana de la Lengua y de la Real Academia Española de la Lengua.
Por su meritoria labor recibió otros reconocimientos y diversas condecoraciones.
Dulce María Loynaz falleció en La Habana el 27 de abril de 1998.
Uno de sus poemas más conocidos es el titulado Balada del amor tardío en el que afirmó:
Amor que llegas tarde
Tráeme al menos la paz;
Amor de atardecer, ¿por qué extraviado
Camino llegas a mi soledad?
Amor que me has buscado sin buscarte,
No se que vale más
La palabra que van a decirme
O la que yo no digo ya...
Amor... ¿no sientes frío? Soy la luna:
Tengo la muerte blanca y la verdad
Lejana... –No me des tus rosas frescas;
Soy grave para rosas. Dame el mar...
Amor que llegas tarde, no me viste
Ayer cuando cantaba en el trigal...
Amor de mi silencio y mi cansancio,
Hoy no me hagas llorar.
Con respecto al bello sentimiento que entrelaza a los seres humanos y a los pueblos también Dulce María Loynaz señaló en un poema que tituló precisamente Amor es:
Amar la gracia delicada
del cisne azul y de la rosa rosa;
amar la luz del alba
y la de las estrellas que se abren
y la de las sonrisas que se alargan…
Amar la plenitud del árbol,
amar la música del agua
y la dulzura de la fruta
y la dulzura de las almas dulces….
Amar lo amable, no es amor:
Amor es ponerse de almohada
para el cansancio de cada día;
es ponerse de sol vivo
en el ansia de la semilla ciega
que perdió el rumbo de la luz,
aprisionada por su tierra,
vencida por su misma tierra…
Amor es desenredar marañas
de caminos en la tiniebla:
¡Amor es ser camino y ser escala!
Amor es este amar lo que nos duele,
lo que nos sangra bien adentro…
Es entrarse en la entraña de la noche
y adivinarle la estrella en germen…
¡La esperanza de la estrella!…
Amor es amar desde la raíz negra.
Amor es perdonar;
y lo que es más que perdonar,
es comprender…
Amor es apretarse a la cruz,
y clavarse a la cruz,
y morir y resucitar…
¡Amor es resucitar!














