Fernando Ortiz Fernández, considerado como un maestro de la cubanía, fue un gran estudioso de nuestro folklore. Falleció en La Habana el 10 de abril de 1969.
Nacido en la capital cubana el 16 de julio de 1881 con el decursar de su existencia alcanzó el título de abogado y también ejerció el periodismo, pero sobre todo se destacó por haber sido un acucioso estudioso de las raíces histórico culturales afrocubanas.
Su obra revela sus inquietudes políticas y sociolingüísticas.
Se graduó de Doctor en Derecho de la Universidad de Barcelona en 1901, y atraído por la criminalística positivista de la época, cursó en Italia estudios de Criminología.
Sus primeras obras se relacionan con las ciencias jurídicas y la criminología.
Ya por esa época comenzó el estudio de la cultura afrocubana como fenómeno marginal, de hechicería y hampa, aunque trató de llegar a las raíces históricas de las manifestaciones.
Este propósito lo llevó a comprender que la “mala vida” de ese sector de la población, como el mismo denomina, no era ni regresión a un estado primitivo ni rezago cultural, sino un fenómeno históricamente condicionado por la esclavitud y la discriminación racial.
Fernando Ortíz se percató de muchos rasgos de la cultura cubana que hasta ese momento eran desvirtuados o atribuidos a motivos inciertos, y que constituyen una valiosa herencia de la presencia negra en el país.
Así, formuló el concepto de transculturación, es decir la mezcla de raíces diferentes en un solo tronco o nación, lo cual constituyó uno de sus aportes fundamentales.
En esa dirección, hurgó más adelante como historiador de épocas remotas o más recientes, y llegó a señalar que en Cuba había como una especie de ajiaco del cual había emergido nuestra nacionalidad, al entrelazarse y fundirse la historia y cultura de españoles, indios y negros.
Don Fernando Ortíz en sus trabajos también denunció el fenómeno de la delincuencia, que inicialmente relaciona con determinados sectores sociales, y lo vinculó con la situación existente en la república mediatizada y neocolonial. Sin alejarse del orden social establecido, su pensamiento progresista le permitió mantenerse a tono con los sucesos de la época y se pronunció en contra del fascismo durante la segunda guerra mundial y a favor de la reforma agraria en Cuba, en 1959. Estimuló y participó en la creación de varias instituciones, tales como la Hispano-Cubana de Cultura, la Sociedad de Folklore y la de Estudios Afrocubanos e igualmente fundó diferentes revistas. Fue también Presidente de la Sociedad Económica de Amigos del País entre 1924 y 1952. Ocupó importantes cargos académicos, diplomáticos y en la jurisprudencia. Esta gran figura cubana recibió múltiples condecoraciones y distinciones por su meritoria labor, entre las que estuvieron Socio de mérito de las Sociedades Económicas de Madrid y Amigos del País de Cuba, Doctor Honoris Causa en Humanidades en la Universidad de Columbia, Estados Unidos, y en Etnografía en la de Cuzco. Su vasta obra, gran parte traducida a varios idiomas, junto a la condición de hombre de ciencia e investigador de grandes proyecciones humanas, lo colocan entre los grandes de la cultura universal. Fue un científico de muy amplio espectro, aunque su aporte más significativo lo realizó en la esfera de la etnografía y fue el principal promotor de los estudios afrocubanos en el siglo XX. Por su destacada obra suele ser considerado como el Tercer Descubridor de Cuba.














