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TOMÁS ROMAY

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Ciencia

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Fallecido en La Habana el 30 de marzo de 1849, cuando contaba 84 años, el científico Tomás Romay fue el introductor de la vacuna en Cuba y está catalogado además como el precursor del desarrollo de la ciencia en nuestro país.

Él también se destacó por sus aportes a la enseñanza de la medicina. Introdujo los estudios de Anatomía en el cadáver y el de la clínica en la sala de los hospitales.

Romay nació en La Habana el 21 de diciembre de 1764. Estudió en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio y en 1783 obtuvo el grado de Bachiller en Artes. Más tarde, en 1792 alcanzó el título de médico, influido por su familia, aunque a él le atraían más las carreras relacionados con los temas humanísticos.

Llegó a ser calificado como un gran humanista, sabio, médico y gran higienista.

Al crearse la Sociedad Económica de Amigos del País, Romay estuvo entre sus miembros fundadores.

Laboró como redactor y en ocasiones como Director del Papel Periódico de La Habana, publicación de dicha sociedad.

Se convierte, junto al economista Francisco de Arango y Parreño y al filósofo José Agustín Caballero, en una de las principales figuras del movimiento progresista impulsado por la gran burguesía criolla de finales del siglo XVIII y principios del XIX.  Llegó igualmente a ocupar diversos cargos administrativos. Fue Secretario de la Diputación Provincial y presidente de la Junta Superior de Medicina.

En su labor profesional fungió como profesor de clínica médica y fue médico de los hospitales de la Marina.

Tomás Romay en 1797 leyó en la Sociedad Económica de Amigos del País lo que se considera como el primer trabajo notable de la literatura médica cubana. Disertó acerca de la fiebre maligna llamada Vómito Negro.

Él fue, además, un luchador incansable contra los métodos de enseñanza escolástica y colocó a los seres humanos en el centro de la problemática científica.

Su extensa obra alcanza los más disímiles temas de la sociedad, y su campaña contra los enterramientos en las iglesias facilitó la construcción el 2 de febrero de 1806 del primer cementerio de La Habana, conocido como Cementerio de Espada. 

Pero su labor más meritoria se desarrolló en el campo de la medicina al tomar una posición a favor de la vacunación antivariólica.

Él conocía la vacuna descubierta por un médico inglés quién en 1798 había publicado los resultados de sus investigaciones sobre el virus varioloso que lo obtuvo del pus preparado de los granos o viruelas que tenían en las ubres las vacas afectadas por esa enfermedad.  

Romay conoció en febrero de 1804 que se había producido la llegada a La Habana de María Bustamante con su hijo que habían viajado desde Puerto Rico previamente vacunados.

Las vacunas habían prendido satisfactoriamente y cuando entraron a La Habana estaban en perfecta supuración.

Entonces Romay decidió inculcarle la vacuna a sus cinco hijos y a otras personas y así inició la empresa que lo llevaría a dominar la terrible epidemia en nuestro territorio. 

En mayo de 1804 cuando los integrantes de una expedición española arribaron a Cuba, quedaron sorprendidos al comprobar que ya la vacuna se había propagado por el país.

Fue en ese momento que se crea la Junta Central de Vacuna para sistematizar esa práctica y designan a Romay, presidente.

La labor que realizó al frente de esta institución resultó decisiva para que, a finales del siglo diecinueve, la viruela pasara a ser una enfermedad poco común en Cuba.

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