El Taller Chullima, iniciativa del artista Wilfredo Prieto, propone como parte de la XIII Bienal de La Habana el proyecto La Bandeja, una invitación al disfrute de las artes visuales y culinarias a través de ese artículo de cocina.
La interconexión que se establece entre ambas formas de creación tiene entre sus objetivos regodearse en los recuerdos colectivos de una época marcada por las comidas en bandeja, pieza habitual en las escuelas internas cubanas.
Lena Solar, coordinadora del Taller, explicó a la prensa que el referido proyecto fantasea con los platos que marcaron la memoria de varias generaciones en la Isla, develando una acción performática a través de la creatividad y la experimentación.
Cocineros profesionales, amateurs, vecinos, y artistas intercambian de forma activa en esa propuesta que propicia el diálogo mediante el placer sensorial, y forma parte de una idea más amplia denominada Cocina extendida, en la cual los chefs generan encuentros comunitarios para transformar la gastronomía creativa en proyectos culturales, colaborativos y sostenibles, subrayó.
Agregó que el encuentro de hoy en el Taller Chullima contará con la participación de Fernando Funer, agricultor de la finca Marta, ubicada en las afueras de La Habana, quien impartirá en horas de la tarde una conferencia sobre el cultivo de hortalizas.
La institución cultural creada por el artista cubano Wilfredo Prieto se ha convertido en un espacio de visita casi obligatoria dentro de la Bienal de La Habana por las excelentes opciones artísticas que pone a disposición del público.
Hasta el 12 de mayo en sus salas se exhibe la obra Viaje infinito en una zona rural de la provincia de Sancti Spíritus, autopista a escala real de un kilómetro de longitud; Jardines que no existen, pieza que persigue la sensibilización colectiva hacia la vulnerabilidad del espacio público; y Paradox-Parade, una muestra objetual y visual en torno a paradojas cotidianas como el dinero, la comunicación, y la identidad personal.














