Habana 500

La Habana de Martí

Imágenes Habana de Martí

Un Martí del siglo XXI

Imágenes Habana de Martí Imágenes Habana de Martí

Andar por las mismas calles que vieron crecer al más universal de los cubanos es, a casi medio siglo de historia, uno de los mayores orgullos para pueblo capitalino.

Aunque muchísimas personas se sienten identificadas con José Martí, muy pocos pueden presumir “haber encarnado” al Apóstol.

Damián Antonio Rodríguez, es uno de esos suertudos. El joven interpretó al Héroe Nacional en la película José Martí: El ojo del canario, del reconocido cineasta cubano, Fernando Pérez.

Ahora cuenta con 24 años y resulta imposible reconocer, tras su barba, a ese niño que, literalmente, fue José Martí. Ha cambiado mucho, pero sus ojos, grandes y negros, todavía reflejan la inocencia del personaje que interpretó hace casi una década.

Su voz grave ya no es la de un muchacho que transita hacia la adolescencia, y varios tatuajes le marcan el cuerpo. En cada oreja tiene un hueco, de esos que llaman expansiones, y de la nariz le cuelga una argolla plateada.

¿Cómo llegó al filme?, ¿cuál fue su experiencia durante el rodaje?, ¿por qué abandonó la actuación? Para responder, entre otras, estas interrogantes, concedió la presente entrevista.

Comentó Damián que antes de formar parte del elenco de la cinta, participó en El cohete, Teleplay futurista dedicado al programa televisivo El Cuento.

Cuando cursaba octavo grado, pertenecía a una compañía de magia de Santo Suárez y a un taller de títeres del también municipio capitalino Arroyo Naranjo. Allí comenzaron sus inclinaciones artísticas.

En esos, y otros grupos de niños aficionados al arte, el director del largometraje y su equipo realizaron un casting para seleccionar a quien representaría a Pepe posteriormente.

Los aspirantes no hicieron pruebas de actuación. Sin embargo, desarrollaron exámenes de vestuario, maquillaje y cámara, en las distintas locaciones donde se filmaría la película.

“Al principio, mi familia y yo pensábamos que me habían elegido para actuar de extra, tapar un hueco en la pared. Cuando Fernando Pérez nos dio la noticia fue una gran sorpresa. Todos estaban contentos con la idea de tener un actor en casa”, recordó el joven.

Para lograr el personaje, Rodríguez aprendió a escribir con las plumas características del siglo XIX, incluso la caligrafía del más universal de los cubanos. Asimismo, le enseñaron a montar a caballo sin silla.

Contó que durante la filmación de una de las tomas con el animal, se cayó al suelo, pues un músculo de la pierna se le tensó, debido a la cantidad de horas que estuvo sobre el caballo. “Por suerte fue solo un susto”, aseguró.

Entre risas, explicó que la escena más complicada del rodaje fue en la que aparece masturbándose en una hamaca de Hanábana, ya que, aunque no lo hizo de verdad, esos temas le eran sensibles debido a la inmadurez propia de la edad.

“Recuerdo que un día fui sin desayunar a una de esas grabaciones y me dio tremenda fatiga. Los camarógrafos y las personas del audio, a los que yo siempre molestaba, me decían ‘¡oye estás acabando, mira eso, si hasta fatiga te dio!’. Si lo tuviera que hacer actualmente, lo haría sin problemas, pero en aquel tiempo eso me acomplejaba”, afirmó.

Cuando el niño llegaba a las filmaciones, el realizador le quitaba lo que tenía en los bolsillos: el teléfono, el paquete de cartas, los utensilios para hacer trucos de magia. “Era muy intranquilo. Yo siempre me ponía a hacerle cuentos a todo el mundo. A veces Fernando me trancaba en un cuarto para que nadie me diera conversación. ¡Hasta la comida me llevaban allí!”

Después de finalizados los seis meses de grabación, la concepción de Damián con respecto al Maestro cambió en gran medida.

“En la escuela te muestran a Martí como un hombre que no camina, vuela. Te lo enseñan como esa persona perfecta, pura e inocente. Gracias a la preparación que recibí y a todos los lugares a los que me llevaron, aprendí que Martí era un ser humano igual a todos los demás, y que, de niño, en ocasiones, se portaba mal de la misma manera que lo hace el resto”.

Luego de terminar la película, estuvo un tiempo en la compañía El Hombrecito Verde. Asimismo, continuó con su grupo de magia. Sin embargo, abandonó el mundo de la actuación a pesar de haber entrado en él por la puerta ancha.

¿Por qué?

“Me frustré ya que no pude ingresar en la ENA (Escuela Nacional de Arte). Me faltaban veinte milésimas de promedio académico para poder hacer las pruebas de actitud ¡Veinte milésimas! Fui hasta con una carta de Abel Prieto para que me dejaran realizar los exámenes, mas fue en vano. Lo mismo sucedió para entrar en Circuba”.

Actualmente, Damián estudia segundo año de veterinaria. Realiza incursiones momentáneas en la pintura urbana, los llamados grafitis. Ama ir con sus amigos a Las Terrazas, Pinar del Río, para practicar allí mountain bike, un deporte extremo que consiste en montar bicicleta en las montañas, o como él mismo dijo “tirarse de los barrancos”. También es padre soltero de un bebé de tres años que se llama igual que él.

El muchacho declaró que “la experiencia de la paternidad fue muy difícil al principio. Crio a mi niño yo solo desde que tiene un mes y medio de nacido, pero con el apoyo de mi familia, y en especial de mi mamá, he logrado salir adelante. Este es el papel más difícil e importante que he tenido que interpretar, y por suerte el personaje no acaba con un simple ¡corten!”.

Por: Laura López Montoto, estudiante de primer año de Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.

Escribir un comentario

La administración del sitio se reserva el derecho de publicación de los comentarios, evitando los que sean irrespetuosos o no aporten utilidad al debate. Se recomienda redacción breve, con lenguaje común.


0 comentarios insertados

Habana 500