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Las hijas inmortales de Rita Longa

Por Yuliet Gutiérrez Delgado Foto: Ernesto Castillo y Roberto Suárez

El pasado 14 de junio se conmemoró el 107 aniversario del nacimiento de la destacada escultora cubana  Rita Longa Aróstegui y Habana 500 rinde tributo a la universal creadora habanera que pobló la geografía cubana con numerosas esculturas de alto vuelo estético. En el fotorreportaje mostramos una selección de fotografías de Rita, de algunas obras suyas emplazadas en la capital y que ilustran las etapas de su quehacer artístico. Incluimos además valoraciones de la autora y de los críticos. 

Rita Longa nació en La Habana el 14 de junio de 1912 en una de las más encumbradas familias de la sociedad habanera, las de los Aróstegui y González de Mendoza. Cursa la enseñanza primaria con profesores particulares y la secundaria en el Colegio del Sagrado Corazón.

Sobre sus inquietudes por las artes plásticas en una entrevista afirmó: “Como todos los niños, a mí me gustaba mucho dibujar, copiando imágenes. Eso llevó a mi madre a pensar que yo tenía un talento especial para el dibujo y decidió que estudiara dibujo comercial para poderme ganar la vida en el futuro”.

 Después de terminar el colegio, la madre de Rita, María del Carmen Aróstegui, quiso que su hija se preparara para que más allá de ser esposa y madre, estuviera en condiciones de tener un oficio o profesión. Al apreciar desde su adolescencia las inquietudes y dotes artísticas de su hija, tuvo la idea de que estudiara dibujo comercial y orientó que matriculara en la Escuela Nacional de Pintura y Escultura San Alejandro, donde ingresó en 1928.

Al entrar  en ese centro pasó por el aula de modelado y allí se percató que eso le fascinaba. En relación con esta etapa en una ocasión Rita reveló: “Yo no tenía la más remota idea de lo que era la escultura ni el modelado, ni sabía cómo se hacía, pero me vi enfrentada a copiar una oreja gigantesca de yeso en barro y ese fue amor a primera vista. Odié para siempre la oreja, pero caí enamorada de la escultura, de la forma, y entonces me quedé allí. No fui a más ninguna clase.”

La artista expuso consideraciones  sobre sus obras e incluso detalló sus concepciones estéticas. Al respecto manifestó: “Los grandes escultores de la antigua Grecia tenían un canon por el que se guiaban.Tomaban el largo de la cabeza como unidad de medida y daban al cuerpo ocho veces su altura. Los escultores de hoy a veces respetamos ese canon, pero los nuevos conceptos estéticos han hecho a cada cual elaborar el suyo propio. Si yo tuviera que representar una Venus Moderna, tomaría el canon griego y lo estiraría hasta lograr mayor largo y menor ancho en las proporciones. Endurecería la musculatura como la de una mujer que practica activamente los deportes. En la cara buscaría más la expresión que la perfección de las facciones. En fin, trataría de buscar una figura esbelta, estilizada, ágil, flexible prototipo de la mujer de hoy.”

El pueblo y las personas no solo reconocen a Rita como una escultora de talla universal, sino que, además, la admiran por sus cualidades e infinita calidad humana. Por ejemplo, el arquitecto Severino Armando Rodríguez, quien trabajó con Rita durante 15 años, la evocó así: “Rita era una persona muy interesante en muchos aspectos, por su presencia era una mujer alta, corpulenta, pero muy fina en sus detalles. Un poco retraída al principio, después que existía cierta confianza, ya sea laboral o de amistad, era increíble y de grandes criterios. A parte de su reconocida y amplia obra personal, en el Consejo Nacional para el Desarrollo de la Escultura Monumentaria y Ambiental (CODEMA), del que fue fundadora y presidenta, unió a todos los escultores, quienes en aquel momento estaban un poco vamos a decir desorientados, y Rita se convirtió en la maestra y guía consejera. Aunque era mucho mayor, logró ganarse y que sintieran la ayuda que necesitaban. Era muy metódica y ordenada…  escuchaba todas las opiniones. A pesar que al final de su vida estuvo un poco imposibilitada, es decir, por su avanzada edad no podía hacer obras grandes, Rita hacía el proyecto y supervisaba la ejecución. Hasta el último momento ella estuvo trabajando, asesoró la ejecución de su última obra desde la silla de rueda.”

También el presidente de ese Consejo asesor, el escultor Tomás Vicente Lara Franquiz, reveló aspectos significativos de la escultora: “La recuerdo como una mujer de mucho carácter. Ella se imponía desde su presencia, yo diría que hasta podía llegar a intimidar, sobre todo a los más jóvenes, pero cuando la conocías bien, entonces resultaba tímida, esa imagen imponente que emanaba de forma natural, se convertía en todo lo contrario. Mis maestros, artistas de su generación y edad, siempre trataron a Rita con mucho respeto y consideración.

“Pese a ser un joven escultor, cuando terminaba un proyecto, en ocasiones, cuando pasaba a saludarla, lo ponía a mi consideración. Era como si se redujera a la condición de estudiante de arte. Me enseñó que debemos mantener una actitud humilde hacia la crítica. Su mayor mérito fueron sus ansias de reinventarse. Era una creadora octogenaria  y no teme aventurarse a nuevos conceptos."

Por su parte, María de la Ángeles Pereira, al valorar la obra de Rita la calificó como la figura más importante de toda la historia de la escultura cubana. “Su producción artística, precisó, es tan temprana y revolucionaria en los géneros, que ella integra el movimiento de vanguardia en sus inicios. Alcanza todas las vertientes posibles que uno pueda clasificar dentro de esta manifestación: la escultura de salón, de carácter ambiental con fines conmemorativos y no conmemorativa. Se movió por todos los lenguajes, trabajo con todos los materiales, dominó las técnicas, y si bien no tuvo discípulos directos, tenía ese espíritu de irradiar magisterio. Aunque es legítimo para los artistas no decir a otros cómo dar solución a determinados aspectos formales, Rita no tenía secretos, era transparente, con ella podía participar en una obra lo mismo el más joven aprendiz, que el más experimentado creador, y siempre se aprendía.”

Respecto a la identificación y magnetismo de las personas con las fabulaciones de Rita, la crítica dijo: “Sus esculturas tienen la particularidad de convertirse en símbolos que se siembran en el imaginario popular, porque capta la esencia de los fenómenos que representa, ya sea un motivo plástico, una idea, tradición o hecho histórico”.

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