Al cerrar San Alejandro, Rita pasó al Lyceum, una sociedad de mujeres intelectuales fundada por Renée Méndez Capote. No iba con sistematicidad a las clases, pues sólo le interesaba que le valoraran sus trabajos. Méndez Capote en 1940 reconocía que Rita no estaba sujeta a ninguna preocupación de credo. Autorretrato, 1932.
Con 23 años obtuvo en 1935 el Premio en el primer Salón Nacional de Pintura y Escultura, por su obra Torso, una de las esculturas de pequeño formato creadas por ella cuando tempranamente incursionó con materiales como el yeso, la terracota, la madera y la piedra para esculpir sus figuraciones. Torso, 1934 ca. 194...
Rita fue antiacademicista y se unió al Estudio Libre de Pintura y Escultura, proyecto que aglutinó a creadores como Abela, Portocarrero, Mariano Rodríguez, Juan David, Ravenet, entre otros. Su desempeño en el Taller se basó en la reacción espontánea del artista ante el motivo seleccionado por los profesores. Torso vertical
La joven artista, vuelve a demostrar su talento en 1936, cuando ganó la Medalla de Oro del XIX Salón del Círculo de Bellas Artes, por su obra Triángulo, 1936.
Dos años después, con Figura trunca 1937, alcanzó el segundo Premio del II Salón Nacional de Escultura.
Con su relieve Ciencia y Fe, 1946, ubicado en la fachada de la antigua Liga contra el Cáncer -hoy Hospital Oncológico-, obtuvo la Medalla de Oro de la Feria de Arquitectura de New York en 1951
En Piedad, 1957, ubicada en el Panteón de la familia Aguilera-Pollack en la Necrópolis de Colón, al decir del crítico Alejandro Alonso hay una síntesis muy lograda en estilo art Decó, y aunque asegura que muchos de sus monumentos clasifican dentro de esa estética, Piedad es su escultura art Decó por excelencia.
De sus creaciones manifestó: “Mi obra ha transitado por tres etapas: la forma en sí, la forma en el espacio y la forma en el espacio en función social. La primera etapa de la forma es nada más que la expresión. Yo no me sé expresar con palabras, sino con formas."
Rita aseguró que en el estilo no existe división alguna. "Cronológicamente, tal vez: a partir del año 40 empieza mi preocupación por el espacio. Yo trabajé mucho entre el 40 y 59, pero la forma en el espacio, principalmente piezas para jardines, y encargos privados, aunque hice Grupo familiar 1947, pieza más pública", expresó en una entrevista.
Muerte del cisne, 1953, ubicada en los jardines del Teatro Nacional, es una obra maestra por su ambigüedad, por el decir y no decir. Es resumen de lo hecho y comienzo hacia una nueva expresión, no se sabe dónde empieza y donde termina: es la danza y son también sus figuraciones.
También la Virgen del Camino, de 1948, pertenece a ese segundo periodo en el que la artista trata de lograr que sus obras estuvieran estrechamente ligadas al lugar donde serían ubicadas.
Rita comenzó hacer esculturas monumentales como Previsión y Cooperación, pues le llegaron encargos de ese tipo. Desde entonces encaró proyectos para distintos lugares.
Ilusión, 1950, es otra escultura que cualifica al entorno. Ubicada en el interior del teatro Payret, la pieza responde a sentimientos y a lo que pueda expresar ese estado de ánimo.
Las Musas, 1950, conjunto de piezas alusivas a deidades parecen flotar a los laterales que anteceden el escenario del propio teatro Payret.
Las Musas connotan emociones y se integran armónicamente a la funcionalidad del inmueble. Rita cautiva y es por ello que su obra llega a las personas más humildes.
“Al comienzo sólo me preocupaba de la forma y de la escultura de salón, hasta que, en 1938, un arquitecto me preguntó dónde vivían mis imágenes…comprendí que las esculturas necesitan un lugar de residencia. Entonces me dediqué a…trabajar para que las formas estuvieran ligadas al espacio donde iban a habitar”, contó Rita en una entrevista.
Forma, Espacio y Luz 1953, ubicada a la entrada del Museo Nacional de Bellas Artes, incorpora elementos de la llamada escultura orgánica, en el sentido que utiliza trazos ya no tan estilizados, sino más bien orgánicos y cercanos a la masa.
La Clepsidra, 1997, evidencia el afán de Rita por renovarse, es una pieza abstraccionista en la que trabajó con el vidrio por primera vez. Este proyecto, que combinaba de forma sincronizada el sonido, las luces, los efectos lumínicos y de agua, estuvo emplazada muy próxima a la escalera del Habana Libre Tryp.
Rita nunca aquilató cuanto había aportado a la cultura cubana, no comprendió por qué la población la reconocía. En una ocasión Toni Piñera al indagar sobre la clave de su éxito respondió: “Es el tiempo, la reiteración lo que impone la obra de un artista. No importa si se recuerda su nombre o no. El trabajo es lo que queda.”














