Habana 500

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El barrio en los ojos de un niño

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Fotos y texto: Alejandra Brito Blanco, estudiante de 3er año de Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.

Desde la galería colectiva “El Tanque” se puede ver todo: el horizonte dibujado por casas de concreto o madera, el vasto campo de deportes con su brillo esmeralda, vecinos, transeúntes, el río a lo lejos... A la señal de David, niños y niñas comienzan a grabar. Tal vez con esta toma quede terminado el corto cinematográfico. Él guía, pero ellos realizarán la decisión final. ¿Quién, si no el creador, dará el mejor toque final a su obra?

David López López, instructor del taller Cámara Chica, no sabía que el proyecto comunitario Muraleando le cambiaría la vida. Nacido y criado en la barriada de Lawton, descubrió desde la infancia su vocación por las artes en la iniciativa local. Muchos años después, el destino trazó el camino de vuelta.

Allí, conocedores de las diferentes manifestaciones imparten clases gratuitas orientadas fundamentalmente al público más joven. La decoración zonas aledañas con instalaciones y murales de intensos colores, que nombran el espacio, existe gracias al quehacer de alumnos, artistas y colaboradores foráneos

Hoy, López López adentra a las nuevas generaciones en los saberes de la creación audiovisual. “Tan solo el simple hecho de ver a un pequeño de 7 años con una cámara en la mano haciendo fotografía te siembra esa semillita de ver qué va salir de ahí”, confiesa mientras acaricia su negra barba. Comenta acerca de su labor y el impacto en la comunidad, consciente de cuánto resta aún por hacer.

¿Cuál fue su vínculo inicial con el proyecto Muraleando?

Comenzó en la escuela primaria Nguyen Van Troi, como a dos cuadras de acá [la sede principal]. Cuando terminó el pequeño curso, nosotros, los mismos muchachos, seguimos mostrando interés. Nos acercamos a Manolo [Manuel Díaz Baldrich, fundador y director actual de la organización], y a él se le ocurre la idea de iniciar el proyecto.  Igual podía ser en su casa o en la acera, sacando las tablas para dibujar. Iniciamos con unos 15 estudiantes, pero se sumaron personas y creció poco a poco.

Yo estuve unos 3 años en principio. Luego continué mis estudios por otro lado. Cuando regresé a trabajar para acá de instructor de teatro, surgió la idea de Cámara Chica.

¿En qué consiste el taller?

Su objetivo es dar las herramientas y los tips más básicos del audiovisual. Con este conocimiento, los niños puedan contar a través de su mirada la realidad de la comunidad. Llevamos aquí 6 años. Tenemos bastantes resultados, a pesar de constituir uno de los adiestramientos más jóvenes del proyecto,. Ganamos premios de la Unicef, de la Asociación Hermanos Saíz, de cultura comunitaria, somos corresponsales de Ponte al día y observatorio nacional de medios del Instituto Nacional de Radio y Televisión.

Cámara Chica surge en colaboración entre el Consejo Nacional de Casas de Cultura y el British Council, una institución británica dedicada a promover la cultura en nuestro país. Ellos escogieron 6 puntos a lo largo de Cuba para preparar a los mentores y donar equipos (cámara, micrófonos y una computadora para edición). El profesor debía pasar el conocimiento recibido a los asistentes.

Hacemos de todo. Tenemos 2 grupos, uno entre 8 y 12 años, y otro, de 13 a 18. Todos los años renovamos los cursos. Los antiguos alumnos van quedando de profesores, monitores y equipo de realización.

Básicamente tratamos de darle las nociones para realizar todo tipo de materiales: documentales, cortos de ficción, docudramas, videos clips...sin quererlos volver teóricos del audiovisual. Hablamos de una carrera difícil, de 6 años o más. La metodología los convierte en protagonistas y cuentan las historias desde su perspectiva. Eso facilita la realización de materiales propios.

¿Se ha trazado algún objetivo particular?

Los niños toman la tecnología en las manos y reflejan el entorno. Esa conforma la principal meta y reconocimiento. No están en la calle sin control, perdiendo el tiempo. Además, contribuye mucho al trabajo vocacional. Algunos empezaron con diez años, ya van por 16 y aspiran a coger carreras afines con el medio.

¿Cómo cataloga la influencia de Cámara Chica en el barrio?

Tan solo ver a un niño de 7 años con una cámara en la mano te siembra esa semilla de ver qué saldrá de ahí. Lawton es un barrio familiar, por así decirlo, marginal. Proyectamos todos nuestros cortos. Colgamos las promociones y se llena la sala, porque causa gran satisfacción verte reflejado en un documental o en la ficción. Ellos, niños al fin, logran la atención de todos, por lo poco convencional de verlos haciendo cine. Somos pioneros en América Latina, porque la práctica común consiste en adultos haciendo cine para niños, no viceversa, o niños trabajando para su propio consumo.

¿Y en cuanto a la expansión del taller?

En este primer tiempo nos dedicamos a consolidar un primer grupo y a la promoción internacional, por motivos de financiación. A partir del Primer Encuentro Internacional Cámara Chica, realizado en marzo de 2018 para mostrar todos los trabajos producidos, nos enfrascamos en volcar la atención aquí en Cuba. Se nos habló de conformar un paquete en televisión para mostrar la labor de los niños. Pero todo gana complejidad, debemos ir poco a poco, primero forjar un nombre para ser reconocidos.

¿Posee el proyecto comunitario Muraleando, del cual Cámara Chica forma parte, influencia de cambio en la vida del barrio?

Es grandísima, te lo puedo decir. Me ha transformado a mí y al resto de mis estudiantes. Por la complejidad de Lawton, la cultura no nos llega muchas veces como debería. Eso a la juventud le hace mucha falta, y a los niños también. Al centrarlos en la creación de materiales de bien público, que muestran comportamientos correctos, provocas un cambio desde adentro. Abordamos temas complicados como la drogadicción, la prostitución y la desconfianza entre padres e hijos. Hemos tenido estudiantes con mentalidad rebelde, hoy reformados. Se acercan a agradecernos los padres, los factores de la comunidad, la policía.

A mí me cambió la vida. Aquí encontré mi pasión, mi sueño, sin saberlo. Ahora está convertido en realidad. Siempre adoré en trabajo con niños, el cine, la fotografía, aunque nunca pensé que podría dedicarme a ello. Gracias al proyecto tengo a mi familia, mi trabajo y mis chicos, que son familia también.

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