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Fidel, una criatura excepcional (Segunda Parte)

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Continuación de la entrevista realizada al poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, a menos de dos meses de su muerte, en la que rememora anécdotas y vivencias acerca del Comandante.

WR: Fidel, además de ser un político, de un guerrillero, era un intelectual. ¿Qué valoración hace usted de ese hombre de letras y de pensamiento que fue Fidel?

RF: Más de una vez le dije: “Usted no es solo un guerrillero, usted es un intelectual”, y no le gustaba, no le gustaba que le dijeran eso. Por supuesto que lo era, era un superintelectual, pero no le gustaba que se lo dijeran. Lo considero un superintelectual.

ER: Le gustaba más el calificativo de guerrillero.

RF: Le pasaba como a Martí, que prefería que lo tomaran como guerrero que como un intelectual.

WR: Pero tiene una obra vastísima Fidel.

RF: No, no, era un intelectual de primer orden, extraordinario. Antes de la Revolución, los artículos de él en Bohemia eran extraordinarios, los artículos que publicaban en la prensa, en otros lugares y lo que siguió publicando hasta el final.

Lamento que no me haya aceptado mi sugerencia, pero era un tremendo intelectual (Risas). Me hubiera gustado que me dijera que sí, pero seguramente si le hubiera dicho algo parecido a Martí, Martí me hubiera respondido como Fidel: “Yo soy un guerrero” (Risas).

ER: ¿Y era sensible a la poesía?

RF: Muy sensible, muy sensible; no tan sensible como el Che. El Che que no era un buen poeta —para no decir que era un mal poeta—, era un lector de poesías apasionado y un gustador de poesías apasionado, más que Fidel; pero Fidel también era un buen lector de poesías. Incluso, a cada rato, en sus discursos mencionaba poemas, y en una ocasión yo le pregunté. Mencionó unos versos de Espronceda, La canción del pirata: “Y si caigo/¿qué es la vida?/Por perdida/ya la di,/Con el yugo/de un esclavo/como un bravo/sacudí”. Y yo le dije después que lo oí: “Comandante, ¿y esa cita de poesía?” “Me parece mentira que me lo preguntes tú, con la poesía se puede decir todo” (Risas). Varias veces citaba poemas y recordaba muchos poemas, sobre todo de cuando era estudiante de los jesuitas.

Como ha señalado con mucha sagacidad Frei Betto, el estudio por Fidel con los jesuitas fue fundamental, ahí se forjó su carácter. No se forjó su condición de revolucionario, esa se forjó en la Universidad de La Habana; pero su carácter sí se forjó con los jesuitas.

WR: Fidel era un hombre de una memoria extraordinaria.

RF: Sí.

WR: Se acordaba de todo.

RF: Sí, extraordinario.

Dos veces yo llevé a mi hija que es médica y había sido internacionalista en África, dos veces la llevé a reuniones con Fidel y las dos veces se acordaba de ella perfectamente. La memoria de Fidel era de elefante, no tiene nombre, se acordaba absolutamente de todo; no sé de qué no se acordaría.

Frei Betto, que escribió ese libro tan importante, Fidel y la Religión —un libro importantísimo sobre el que voy a volver después—, él atribuía esa resistencia de Fidel al dolor, a la pena, a todo, se lo atribuía a la enseñanza de los jesuitas, que los jesuitas le enseñaron a resistir.

Fidel, cuando estaba preso se empezó el rumor de que iban a liberar a los presos, que Batista lo iba a hacer para hacer las elecciones, qué sé yo, hubo vacilaciones y Fidel ni corto ni perezoso respondió: “Prefiero cien años más de cárcel que ser liberado en esas condiciones”. Era de una fortaleza verdaderamente excepcional.

Yo creo que en la historia de la humanidad no hay muchos hombres como Fidel, no ya en Cuba, no ya en América, en el mundo. Hay que remontarse a figuras excepcionales como lo era él realmente.

¿Estaba yo hablando de…?

ER: De los momentos que coincidió con Fidel en los viajes que hizo.

Yo le iba a preguntar, porque recuerdo que usted hablaba de Venezuela, pero recuerdo cuando era más joven que en la televisión se puso a Chávez y creo que estaba el Comandante, pero usted estaba en la primera fila y Chávez lee algo o lo menciona a usted y lee. No sé si es ese viaje a Venezuela, o ese fue posterior.

RF: Fue posterior. De la Venezuela que hablé, es cuando fue electo presidente este bandido.

WR: Carlos Andrés Pérez.

RF: Que, por cierto, Fidel habló, y cuando Fidel hablaba hasta las piedras temblaban. Entonces, cuando estoy en el avión me preguntó Fidel qué me había parecido la intervención de Carlos Andrés y la de él. “Le voy a ser sincero: usted acabó con Carlos Andrés, él se sintió profundamente celoso de usted, porque el pueblo no lo seguía como seguía a Fidel”.

Esto que tú dices es mucho tiempo después, cuando Chávez es el Presidente.

Pasó una cosa francamente curiosa, Elier. Al principio del llamado período especial, en 1991, hubo un periodista o un escritor chileno que visitó varios países latinoamericanos haciéndoles entrevistas a intelectuales de cada uno de esos países.

Yo debo reconocer que no soy un guerrero, soy intelectual, me da mucha pena tener que confesarlo. No he dejado de tener armas en la mano y no he dejado de combatir, pero soy un intelectual. Y él escogió como intelectual de Cuba a mí y escogió a Octavio Paz, en México, a fulano, mengano y zutano.

Bueno, era una situación bastante difícil porque empezaba el período especial y Cuba estaba en la “fuácata” realmente. Me hizo muchas preguntas enojosas a las que yo… “Es un proyecto ya sobrepasado, ¿no?” Yo dije: “No, es un proyecto del porvenir, no sobrepasado”. Evidentemente, eso lo leyó en la cárcel Chávez y le produjo —digo yo, me imagino— un impacto tremendo, porque a cada rato me citaba, para mi sorpresa. Incluso, tiempos después, me impuso la medalla.

La muerte de Chávez es otra tragedia, murió joven. ¿Será posible que los yanquis le hayan inoculado cáncer, como se dice? No sería imposible. Y murió en plena juventud.

Mi hija me contó una cosa muy bonita. A un hombre humilde, zapatero, no sé qué, a la muerte de Chávez le preguntaron: “¿Qué piensa usted de la muerte de Chávez?” Y él respondió: “Lo siento mucho, porque él hacía feliz a Fidel”. ¡Qué bonito!

ER: ¿Y usted lo pudo ver? ¿Esa relación entre ellos dos la pudo palpar directamente?

RF: Cómo no, cómo no. Bueno, parecían padre e hijo. A pesar de que cuando nació Chávez, Fidel estaba en la cárcel, o sea, Chávez era de otra generación. A diferencia del Che que era de la misma generación que Fidel, Chávez era de una generación más joven; pero llegaron a tener una identificación verdaderamente extraordinaria. Chávez quería mucho a Fidel, aprendió mucho de Fidel; pero tenía también lo suyo, aportó también lo suyo, no se limitó a recibir, dio también. La nueva Venezuela, la Venezuela bolivariana y chavista debe inmensamente a Fidel, pero debe también a Chávez, que realmente hizo mucho y su muerte ha sido una tragedia tremenda. Tenemos que apoyar a Maduro y al pueblo venezolano con toda nuestra fuerza, pero la pérdida de Chávez es una pérdida verdaderamente terrible. Déjeme ver si me acuerdo de alguna otra cosa de mis encuentros con Fidel, he contado algunas cosas.

Cuando lo del niño Elián, Fidel recogió a un grupo de escritores para que se reunieran con él a hacer consignas sobre Elián. De más está decir que Fidel se pasaba la mañana, la tarde, la noche y la madrugada trabajando como si tal cosa. A la hora de comer lo que comía era una toronja. Yo no sé cómo Fidel logró vivir tanto tiempo, porque realmente se maltrataba terriblemente, físicamente no se cuidaba.

Entonces, en ese momento aportamos distintos criterios y alguien sugirió hacer un afiche que dijera: “Liberen Elián”. Y dije: “No, no, no estoy de acuerdo, debe ser ‘Liberen a Elián’, no ‘Liberen Elián’”. Se armó una discusión, qué sé yo, al fin triunfó la tesis equivocada “Liberen Elián”.

Entonces, pasado el tiempo, ya hablar de otra cosa, le dije a Fidel: “Fidel, yo haría un afiche que dijera ‘Liberen la A…’ Dice Fidel: “Me parece muy gracioso, pero no es muy revolucionario”, porque él tenía mucho sentido del humor también.

WR: Decía usted ahorita —y eso lo comprobamos— que Fidel no descansaba.

RF: Yo he estado varias veces con Fidel en el interior y fuera, incluso en otros países. Yo sé cuando Fidel dormía, dormía dos o tres horas; siempre lo vi despierto a cualquier hora, si se acostaba se despertaba a las dos o tres horas. Dicen que así era Napoleón, que dormía tres horas. Se sabe que hay criaturas excepcionales. Yo necesito dormir muchas horas, me producía una enorme sorpresa verlo a él que prácticamente podía o no dormir o dormir una cantidad ínfima, y, además, lo acabo de recordar, comía muy poco también, no era tampoco de mucho comer. Es casi sorprendente que haya llegado a tan gran edad, porque físicamente no se cuidó nada.

Me imagino que, por ejemplo, Raúl, le instaba mucho a que se cuidara, incluso en ese momento terrible en que Fidel se bajó después de un discurso y trastabilló, cayó y se rompió la pierna, fue tremendo. Parece que Raúl se puso verde contra los que cuidaban a Fidel. Los pobres, no tenían culpa, porque Fidel caminó solo; pero Raúl cuidaba mucho a Fidel. Si por Raúl hubiera sido, Fidel hubiera dormido más tiempo.

WR: Eran hermanos que se querían mucho, hermanos del alma.

RF: Eran hermanos del alma realmente, toda la vida. Incluso, el 26 de Julio, o sea, cuando marchaban al Moncada, Raúl era militante de la Juventud Socialista; el Partido Socialista Popular y por extensión su juventud, no estaban de acuerdo con lo que vino a ser el asalto al Moncada, al punto de que el Partido Socialista Popular hizo una declaración en contra; pero Raúl, indiferente a eso, siguió a su hermano del alma, Fidel, porque para Raúl era mucho más importante Fidel que cualquier otra situación en la vida.

Yo no sé si Raúl siguió siendo o no militante de la Juventud Socialista. Me dijo Raúl Valdés Vivó que también lo fue Ñico López, y que llegó un momento en que ambos eran militantes de la Juventud Socialista y del 26 de Julio, los dos, y me dijo Raúl Valdés Vivó que firmaron una carta conjunta diciendo que en caso de muerte de uno de ellos, el otro asumiría toda la responsabilidad del sobreviviente; el que vino a morir fue Ñico López, que desgraciadamente murió relativamente temprano y que todo hace pensar que fue otra criatura extraordinaria. Él, en Guatemala, fue amigo del Che y le contaba del asalto al Moncada, y el Che le respondía: “Hazme otro cuento de cowboy”, porque él no creía que eso fuera verdad. El Che era tremendo.

WR: Y después de la Revolución seguro que fue usted testigo de ese cariño entre Raúl y Fidel.

RF: Sí, por supuesto, por supuesto. Yo he aplicado al Che y a Fidel –algo que ahora voy a aplicar a Raúl y a Fidel–, la definición que daba Aristóteles de la amistad, él decía: “La amistad es un alma que vive en dos cuerpos”, así eran Fidel y Raúl, y así eran Fidel y el Che.

Cuando me preguntan si Fidel y el Che discutieron… Hombre, yo no dudo de que hayan discutido alguna vez, todos hemos discutido alguna vez, pero el vínculo entre Fidel y Raúl, entre Fidel y el Che, es indestructible.

No hay que olvidar que Raúl es quien le lleva al Che a Fidel en México. En México conocían al Che: Ñico López que había estado en Guatemala y Raúl que lo conoció allí en México, y Raúl fue quien llevó al Che a hablar con Fidel una fría noche de México. Que, por cierto, yo quise hacerle una entrevista a Fidel que no marchó. Me pidieron qué preguntas le iba a hacer, y con gran ingenuidad y torpeza, dije: la primera pregunta es: ¿De qué hablaron realmente la primera noche que se encontraron en México? Nunca me dieron la entrevista. ¿Pero de qué hablaron? Hablaron de cuestiones internacionales. Evidentemente el Che planteó allí que después del triunfo de la Revolución él tenía que ir a pelear a otros lugares, me imagino que mencionó, sobre todo, a Argentina; pero, sobre todo, otros lugares. De hecho, cuando salió a pelear en 1965, fue a África.

WR: Además, usted fue testigo, y ahorita Elier le preguntaba, de aquella época del “quinquenio gris”, de aquella época del juicio a Padilla, es decir, de aquella situación que vivió Cuba. ¿Cómo Fidel asumió en el momento o después estos conflictos, estos problemas de esa época?

RF: No creo que Fidel interviniera en eso, realmente.

Había varias cosas a considerar. En el año 1968 Padilla había ganado el Premio de Poesía de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, por un libro que se llamaba Fuera del juego. Era un libro equívoco, el título mismo lo dice, ¿no?, y fue muy criticado, según mi criterio, demasiado. Pero Padilla, por otra parte, se encargaba de visitar a los extranjeros que venían a Cuba para hablarles mal de la Revolución, esa es una realidad objetiva, desgraciadamente fue así.

En el año 1971 detienen a Padilla, que tuvo algo más de un mes preso, todavía no se ha dicho por qué razón se detuvo a Padilla, pudo haberse dicho que por haber hablado mal…, pero no se ha dicho nunca. Y al final de esos cuarenta y pico de días, Padilla pronunció un discurso que yo lo escuché, en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, junto a mí estaba Fayad Jamís —a Fayad le decíamos el Moro— y Padilla empezó a decir cosas tan horribles sobre él, que yo le dije: Moro, pero Bebo está loco, qué está diciendo, él no ha hecho ninguna de esas cosas.

Pasó el tiempo y Guillermo Rodríguez Rivera, un escritor cubano importante, desgraciadamente ya muerto, que escribió un libro que se llama Decirlo todo, que publicó Silvio, él cuenta muchas cosas interesantes en ese libro, del “quinquenio gris”, y cuenta que en Madrid, a principio de los años noventa se encontró con Padilla y le preguntó: Heberto, ¿esas palabras tuyas eran una caricatura de los discursos que habían pronunciado los bolcheviques que fueron fusilados después? Y según Guillermo, Heberto le dijo: Por supuesto. Le habían detenido por solo publicar un libro, y eso fue el… O sea que lo que él hizo…

Él había vivido un tiempo en la Unión Soviética, en la Unión Soviética que después se pudriría, como sabemos en el interregno se pudrió otra gente también, hubo gentes que se estropearon en la Unión Soviética y uno de ellos fue Padilla. Él había elegido esos discursos que son terribles, terribles. Entonces, como una manera de vengarse de que lo hubieran detenido, su supuesta autocrítica fue la caricatura de esos discursos que realmente eran horribles, yo le dije a Fayad: Moro, ¿qué está haciendo Bebo?, eso es una locura; se acusaba de las cosas más terribles del mundo. Y después de eso lo liberaron.

Mi criterio es que todo en el caso de Padilla está mal, todo: el libro, las críticas al libro, la prisión, el discurso y que lo hubieran dejado después, todo es malo, mi criterio es ese. A estas alturas nunca se ha dicho por qué se detuvo a Padilla. La Revolución tiene varios asuntos pendientes, no es algo ahora del asunto.

La Revolución nunca se ha autocriticado por las UMAP. Las UMAP es una de las vergüenzas de nosotros los revolucionarios. Hace falta que se haga una autocrítica. Lo más cerca que hubo de una autocrítica, tenía que venir de quien vino. Una periodista mexicana homosexual, Carmen Lira, gran periodista, que dirige un gran periódico, La Jornada, le hizo una entrevista a Fidel, y en un momento dado le pregunta por el problema de los homosexuales y Fidel dice: “yo tengo la culpa”. Cosa que, por supuesto, es completamente falso, ¡completamente falso!

WR: ¿Y por qué él se culpa?

RF: Porque tenía que hacerlo, como Jefe de la Revolución, o tenía que culpar a otra persona, que no le correspondía a él hacerlo. Él sabía quién era esa otra persona; pero, lógicamente, no podía decirlo. Entonces, como Jefe de la Revolución, así como se atribuía las muchísimas cosas buenas, se atribuyó ese hecho incorrecto.

WR: Además, otros no se explican por qué, si eso estaba pasando, Fidel no sabía lo que estaba pasando, cómo era posible que Fidel no lo supiera.

RF: Bueno, a mí me contó Armando Hart que fue un íntimo amigo mío, que una vez iba paseando con Fidel y pasaron por una UMAP y salieron los homosexuales que estaban asomados gritando: ¡Viva Fidel, viva Fidel, viva Fidel!, pero muy amaneradamente, ¿no? Y Fidel le preguntó a Armando: “¿Armando, qué cosa es esto?” Y Armando fue quien le contó lo que eran las UMAP. Poco tiempo después desaparecieron las UMAP, cuando se enteró Fidel. Fidel no se enteró, Fidel no podía enterarse de todo lo que pasaba en este país.

ER: Era imposible.

RF: Pero cuando se enteró, se acabaron las UMAP.

Otra cosa mala, que eso no lo alimentó la Revolución, por supuesto, es la campaña contra los homosexuales, que fue terrible porque eso trajo consecuencias: gente que perdió su trabajo, que perdió sus estudios, sí.

WR: O que perdió hasta la vida.

RF: Hasta la vida.

Cuando se suscitó este hecho tan grave, varios escritores y artistas tomamos el partido de atacar esa medida, entre ellos estaba Tomás Gutiérrez Alea, que tiempo después filmaría Fresa y Chocolate.

Mi argumentación, frente a compañeros que eran participantes, hay que reconocer que la homofobia sigue siendo vigente en Cuba, sigue habiendo mucha gente en Cuba homófoba.

Cuando se discutió el proyecto de la Constitución no se aprobó el punto del matrimonio entre homosexuales porque sigue habiendo muchos homofóbicos, esa es la realidad.

WR: Una cuestión cultural.

RF: Es muy complicada la historia.

Este hermano mío, Manolo, que es una gloria, el más inteligente, el más brillante, el más barítono; pero tengo otro hermano que es homófobo, mucho más joven. Bueno, el caso es que yo, mi argumentación, cuando me reunía con gente del gobierno era: los que pertenecemos a comunidades minoritarias sentimos mucho que se nos discrimine y que el mundo esté hecho contra nosotros. Yo seguía hablando, y la gente pensaba: “coño, Retamar se va a declarar maricón” (Risas). Cuando había avanzado decía: Porque yo soy zurdo.

Los derechos no se dan cuenta, pero el mundo está hecho para los derechos: los automóviles, las tijeras, todo está hecho para los derechos; los pobres zurdos… Mi madre era zurda y uno de mis hermanos, zurdo, y yo no sé por qué —nunca he averiguado por qué— en la escuela me enseñaron a escribir con la derecha, lo noto muy raro; pero yo, por ejemplo, a la hora de jugar pelota, soy zurdo; a la hora de disparar, mi ojo visor es el izquierdo. Yo soy zurdo de todo.

Entonces, la realidad es que nadie sabe por qué se nace zurdo, y nadie sabe por qué se nace homosexual, al parecer es una cosa misteriosa que ocurre. No sé por qué entre los escritores y artistas hay muchos homosexuales, pero yo les voy a contar lo siguiente: Un astrónomo se enamora de su jardinero, pero nadie se entera, porque el astrónomo no lo hace público. Un poeta se enamora de su jardinero, y se jode, porque le escribe un soneto al jardinero (Risas).

ER: Y sale en todos lados.

RF: La realidad es que hay homosexuales en todas las carreras y en todas.

WR: Fidel era un hombre que tenía amigos que eran homosexuales, o se vinculó con personas homosexuales. Fidel tenía amistades, trataba a las personas que eran homosexuales.

RF: Bueno, yo siempre he tratado a los homosexuales con igual respeto, desde que era muy muchacho.

Tenía un amigo que era homosexual, muy joven, y este amigo, de repente, se separó de mí, no volví a saber de él. Pasó mucho tiempo y me encontré con él y le dije: “Chico, ¿por qué tú te has alejado de mí?” Dice: “Porque yo soy homosexual y no quería influirte a ti”. Yo no creo que los homosexuales se influyan, yo creo que los homosexuales nacen.

ER: Roberto, volviendo a Fidel. ¿Usted le ha dedicado algún poema a Fidel?

RF: Si supieras que no. Le he dedicado trabajos a Fidel.

ER: Ensayos.

RF: En la única…, yo creo que no, no lo he nombrado… Sí, lo nombré una vez, lo nombré una vez.

ER: Ese poema suyo tan conocido El otro, es un homenaje a la generación de Fidel, a los caídos en la lucha.

RF: Ese poema yo lo escribí en una guagua, el primero de enero de 1959, por eso se llama El otro.

Había llegado la noticia de la caída de Batista y yo fui a ver a mis padres que vivían en la Víbora, y de repente llegó el poema y lo escribí. Pasó el tiempo, ese poema, incluso, traducido al vietnamita, tuvo mucha vida internacional; pero, un comemierda, en una reunión de poetas, donde yo no estaba, alguien mencionó una cosa obvia, para bien o para mal, ese es el primer poema que se escribe después del triunfo de la Revolución. Puede ser el peor poema del mundo, pero se escribió entonces, y es que sale el poema. Pero ese alguien de quien te contaba, dijo “Ese poema no tiene importancia ninguna, ese es un poema puramente personal, es el criterio de la persona”.

Yo me enteré de eso y entonces, mi próximo libro se llamó: Juana y otros poemas personales (Risas). Yo nunca he escribo poemas impersonales, todos mis poemas son personales, tienen que ver con personas, con cosas, con realidad.

ER: Y está su poema: “Explico al lector por qué al cabo no concluí aquel poema sobre la Comuna.”

RF: Ese mismo. Era un poema que no voy a leerlo completo, porque es enorme.

Cuando ocurrió el centenario de la Comuna, la Gaceta de Cuba, lógicamente, le dedicó un número y me pidieron un texto que yo, gustosamente, empecé a escribir. Pero era el año —no te olvides— de 1971, el año del centenario de la Comuna, pero es también el año en que inicia el período del “quinquenio gris” en el que los errores no son solo nuestros, sino también de los extranjeros que nos atacaron vilmente, como si nosotros fuéramos “estalinistas”, etcétera.

Entonces, yo empecé a escribir el poema aquel, la primera parte; escribí la segunda parte, y cuando voy a escribir la tercera parte, empiezan a mandar las cartas a Fidel, cartas contra la Revolución. Y, entonces, ya no pude terminar el poema. Y explico lo siguiente.

Antes de eso, le menciono a Fidel, le digo: Si Dios existe —desespera un dicho—, ¿por qué yo no soy Dios? Lo que se comprendía en esos días: si Fidel, el Che, Camilo, Raúl, Almeida existen, ¿por qué yo no soy uno de ellos? Entonces, esa, mi generación sufrió lo que tu generación no sufrió. Ese era el complejo de no haber estado en la Sierra Maestra. Eso lo sintió muy duramente mi hermano Manolo, que tuvo una participación muy fuerte revolucionaria, pero no estuvo con Camilo, como él hubiera querido. Y al final digo:

    “El 19 de marzo de 1971 escribí de un tirón las líneas que anteceden, ellas debían formar parte de un poema-ensayo sobre la Comuna, y también, evidentemente, sobre otras muchas cosas. Digamos, sobre nuestra Comuna, sobre la historia tal como la vivimos, no tal como la leemos y sobre la manera de cómo se comportan ciertos escritores cuando el pueblo asalta el cielo. Pero ese día tuve que salir a una reunión, a esa reunión que espera como un charco en mitad de la vida, y cuando regresé, ya no tenía más versos, ya se había apagado, por el momento, esa necesidad, esa extrañeza que reclama darse en palabras, con algo de música, algo de verdad, y que no puede encender según mi capricho, como si fuera un radio o un editorial para la revista, aunque hasta el editorial requiere un poco de esa extrañeza.

    “Pasaron algunos días, yo tenía la esperanza de reanudar de un momento a otro el poema. Me eché encima la libreta —esta misma donde ahora escribo—, y cuando me encontraba con el ‘bueno’ de Adolfo le decía que sí, que estaba trabajando, que le iba a dar algo distinto para el número de la Gaceta sobre la Comuna. Pero el poema se había quedado detenido como una catarata congelada por el invierno, o por una fotografía, donde la forma de la inminente caída es en realidad, la forma de la detención. Yo esperaba, sin embargo, esperaba, confiadamente, en que volvieran a arrancar los versos; pero lo que arrancó de nuevo no fueron los versos, sino la propia historia, quiero decir, arrancó de nuevo el asunto del poema, aquello sobre lo que yo aspiraba añadir unas cuantas palabras más hasta hacerlo inteligible y unitario, como un cuento o un rostro. En esas condiciones, cómo escribir el poema, cuando su asunto reverdece, vuelve a echar brotes y centellas, se va por delante, se hace carne en las previsibles cartas, los previsibles improperios, torpezas, incomprensiones, cobardías, arrogancias, trágicas frivolidades de que ya habló Machado. ¿Qué le ocurre al novelista cuyos personajes de pronto…?”

RF: Entonces pasó que, de repente, mientras yo estaba escribiendo el poema, aparecieron las agresiones, las cartas, cartas a Fidel, la primera de las cuales no era tan agresiva, fue una petición directa a Fidel; la segunda era francamente contrarrevolucionaria y Vargas Llosa admitió haberla escrito él, y hubo muchos textos contrarios a la Revolución, como si nosotros equivaliéramos a los estalinistas que habían fusilado a los bolcheviques.

ER: Usted entró en esa polémica y respondió varias de esas cartas, defendiendo a la Revolución.

RF: Claro, claro. Y, lógicamente, ya no podía terminar mi poema, porque, como se dijo: ¿Qué le pasa al novelista, cuyos personajes, de pronto reales, empiezan a vivir por sí mismos? De repente el poema empezó a vivir; los gusanos de ayer fueron los gusanos de hoy.

ER: Fue un poco más el guerrero el que funcionó ahí que el intelectual, aunque ambos están indisolublemente ligados.

RF: Ah, sí, claro, ahí tuve que ser el guerrero; pero cuando he tenido que ser guerrero, yo no he dejado de ser guerrero. Yo estuve acuartelado cuando Girón, cuando la Crisis de Octubre. Por cierto que cuando la Crisis de Octubre estuve en un campamento con Vilo Acuña, estaba también Titón, ¡qué casualidad!, amigo mío, y alguien encontró en el suelo una hoja impresa por el periódico, con una serie de noticias militares y un poema. El poema era mío.

Entonces yo era secretario de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, habíamos organizado un taller para hacer obras de utilidad, afiches, cuentos, poemas, lo que hubiera que hacer. La mayor parte de esos poemas eran malísimos, pero, bueno, los hacíamos con muy buena voluntad, y uno no era tan malo, y yo le puse como título inicial “Epitafio de un invasor”; pero a la hora de mandarlo al periódico, porque eso se publicaba todos los días en el periódico, le quité ese título tan bueno, y le puse “Epitafio para el vástago de una familia detenida”, un título horrible. En la hoja del periódico le habían quitado este título horrible y le habían puesto “Epitafio de un invasor”, que era el título correcto, y le habían borrado mi nombre, o sea que ese poema era como el poema del Cid, anónimo.

Voy a citar el poema, por la razón que cuento. Se supone que esté en la familia, la familia de un invasor.

Tu bisabuelo cabalgó por Texas

Violó mexicanas trigueñas y robó caballos

Hasta que se casó con Mary Stonehill y fundó un hogar

De muebles de roble y Good Bless our Home

Tu abuelo desembarcó en Santiago de Cuba,

Vio hundirse la Escuadra española, y llevó al hogar,

El vaho del ron y una oscura nostalgia de mulatas.

Tu padre, hombre de paz,

Solo pagó el sueldo de doce muchachos en Guatemala

Fiel a los tuyos,

Te dispusiste a invadir Cuba, en el otoño de 1962.

Hoy sirves de abono a las ceibas.

¿Tú sabes dónde me encontré este poema? Yo creo que a él se debe el que se haya puesto…, eso no lo sé. Pasado algún tiempo y antes de salir yo de Cuba, un amigo extranjero quiso visitar el despacho del Che. Hice la gestión, lo autorizaron y visitamos el despacho del Che y estaba tal cual lo había dejado, después lo cambiaron mucho. Bueno, vimos, abrí la gaveta y en una de las gavetas había notas de su viaje a África, y yo agarré, llamé a la secretaria y le dije: Saquen rápidamente esto de circulación. Pero debajo de la mesa de cristal había una hoja: esa, esa hoja.

ER: La hoja del poema. La tenía el Che ahí.

RF: Para mí ha sido la gran gloria de mi vida como poeta que el Che tuviera ese poema ahí.

El Che era un lector extraordinario de poesías, no era un autor bueno de poesía, pero un lector extraordinario. Evidentemente leyó eso en un periódico y finalmente apareció en su mesa.

ER: ¿Y lo puso ahí en la…, lo dejó y se quedó tal cual ahí?

RF: Bueno, yo me imagino que después cambiaron todo, yo no he vuelto, pero estaba como él lo había dejado.

Yo después coincidí con el Che en su viaje a África. En Praga tomamos un avión que nos llevó a Shannon y ahí se rompió, se pasó varios días esperando la pieza y después volamos a Cuba y hablamos enloquecidamente, enloquecidamente, es uno de mis grandes privilegios, realmente.

ER: Ahí fue la anécdota de cuando le preguntó de El socialismo y el hombre en Cuba, y usted le dijo: No, pero eso nadie me lo va a publicar, y él le dijo: “Yo sí, yo te lo publico.”

RF: Así es. Me preguntó varias cosas. Me dijo: ¿A qué tú atribuyes que la Unión Soviética se haya ido a al carajo? Estábamos en marzo de 1965, y yo me quedé en una pieza… Yo acababa de leer varios libros de un autor polaco, Deutscher, que yo admiro mucho, autor de una biografía extraordinaria sobre Trotsky y de muchos textos.

ER: En tres tomos: El profeta armado, El profeta desarmado y El profeta desterrado.

RF: Exacto. Este hombre había pertenecido al Partido Comunista polaco —era polaco—, dejó el Partido, era antiestalinista, pero nunca fue anticomunista. Cuando una serie de escritores que habían sido comunistas escribieron para un libro que se llamó El Dios que fracasó, The God that failed, incluso escritores buenos, Deutscher salió a echarle con el rayo, abiertamente, él nunca fue anticomunista, fue antiestalinista, pero nunca anticomunista. Bueno, yo le cité la tesis de Deutscher al Che y no se convenció para nada, y me dijo —y él lo ha repetido después muchas veces— que la culpa la tenía la NEP, la Nueva Política Económica, y el hecho de que al morir Lenin, tan temprano, no pudo rectificar, etcétera. Él atribuía a la NEP todo lo que pasó después, y llegó a ser hipercrítico el Che.

Esa vez nos dimos a leer materiales, había salido en Cuba Socialista, “Martí y el Tercer Mundo”, y yo se lo di a leer. Era en enero de 1965, y él me dio a leer el manuscrito de El socialismo y el hombre en Cuba. Él fue muy generoso con mis trabajos, y yo lo fui, por lo visto, lo fui menos con el suyo. No, era un trabajo extraordinario, excelente, fue una de las primeras —que yo conozca— intervenciones en antropología filosófica, hecha por un marxista. Hay muchas cosas buenas.

Yo publiqué después esa carta. ¿Tú la leíste?

ER: Sí, sí.

RF: Porque salió en Cuba Defendida, pero tengo algunas objeciones que hacer, y él me dijo: “Házmelas, escríbelas y publícala”. Yo le dije: “Comandante, hay que tener cojones en Cuba para publicar una réplica al Héroe de Santa Clara”, como le decían al Che. Figúrate, años antes había pensado ya él irse de Cuba.

El socialismo y el hombre en Cuba vino a tener un carácter casi testamentario. Él se fue de Cuba por esa época. Fidel leyó la carta de despedida, que es impresionante, el 3 de octubre de 1965, y habíamos regresado juntos en marzo de 1965. Entre ese momento se fue. Tiene que haber decidido ya irse, y al pobre Fidel le cayó encima la acusación de que él había matado al Che, y Fidel aguantó a pie firme.

De todas maneras, Elier, qué falta nos hizo el Che realmente. Yo comprendo que él tenía ese compromiso consigo mismo, esa vocación, lo que fuere; pero Cuba lo va a seguir necesitando…

ER: Hasta hoy.

RF: Hasta hoy.

ER: Hoy más que nunca.

WR: Como la canción que dice “si el Che viviera…”.

RF: La canción de Carlos Puebla que dice “Aquí se queda la clara, /la entrañable transparencia/ de tu querida presencia, /comandante Che Guevara”.

Bueno, personas como el Che hay muy pocas.

¿Cómo Fidel tan rápidamente…? Bueno, el genio Fidel se dio cuenta de quién era, porque el primer Comandante de los combatientes de la Sierra Maestra fue el Che, porque Fidel se dio cuenta de quién era este hombre y lo hizo el primer Comandante. Después lo llevó a recorrer la isla junto con Camilo; después le dio cargos tremendos: Presidente del Banco Nacional, Ministro de Industrias. Yo lo vi a la semana de regresar, fui a verlo, había quedado hechizado por el Che y tenía la ilusión de trabajar con el Che.

Pero el Che tenía la idea, que no se cumplió, de hacer publicar una editorial en lenguas extranjeras para que los discursos de Fidel —en inglés y francés se traducían— se conocieran en África, porque él decía que en África no se conocían.

Y yo pensé: a lo mejor puedo trabajar con él en esto. Estaba reunido con el secretario Manresa, que ya ha muerto, y me dijo: “No te vayas, no te vayas”. Se abrió la puerta y salió el Che con Regino Boti y dice: “Bueno, los dejo a ustedes entre filósofos”. En realidad no nos dijo nada. Yo quise hablar de … para que me invitara a trabajar con él y le dije: “Bueno, me he quedado sin trabajo” y dijo el Che: “Yo también estoy de más aquí”. Posiblemente ya entonces…

ER: Estaba ya pensando, o más bien ya tenía decidido salir a luchar en otras tierras.

RF: Entonces, antes de irme —nos quedamos sin trabajo, sin libros, sin nada— le presté ese libro, una antología de poesías española, y lo perdí, no quería perderlo, y el Secretario me dijo: “Se lo voy a dar, y el Che me dijo que le copiara un poema, pero no se lo digas”. A la hora de irme, ya en la escalera, me quedé pensando por qué el Che le había pedido a Manresa que le copie un poema llamado Farewell, que quiere decir adiós, de Neruda.

Murió con 39 años, más joven que Martí que murió con 42. Hubiera podido vivir 20 años más y hubiera podido triunfar en Bolivia.

Bolivia no fue bien escogido, el lugar, era un lugar muy inhóspito.

¡Qué valiente era el Che!

ER: ¿Cuándo fue la última vez que vio a Fidel?

WR: ¿Ya había enfermado Fidel?

RF: No.

WR: ¿Después que enfermó no lo vio?

RF: Me hubiera encantado haber estado en el Aula Magna cuando pronunció ese extraordinario discurso, uno de los últimos a la nación, que es realmente la radiografía de la Cuba actual, que Fidel habló de que la corrupción cubana puede terminar con la Revolución.

ER: El 17 de noviembre de 2005.

RF: “Nosotros mismos, los revolucionarios, podemos terminar con la Revolución”, advirtió. Y, bueno, tuvimos el privilegio de tenerlo.

ER: Y lo seguiremos teniendo y tenemos que encargarnos de seguir teniéndolo.

RF: Así es.

WR: ¿Fidel era un poeta?

RF: Bueno, en sus actos sí, los actos son de un gran poeta épico, en palabras no sé. En cambio, el Che no era un buen poeta (Risas).

ER: Aunque en actos también era un gran poeta.

RF: Aunque en actos era. Se sabía de memoria una cantidad enorme de poemas, recitaba de memoria a muchísimos poetas.

ER: Un compañero que entrevistamos que trabajó en la última etapa con Fidel, de los ayudantes, nos mencionaba que Fidel les recitaba poemas, y creo que nos mencionó Canción del Pirata de Espronceda.

WR: Lo recitó de memoria hasta tiempos antes de morir.

RF: Es posible sí. Eran lecturas que él había hecho cuando era alumno de bachillerato. Ese bachillerato suyo resultó muy importante, por eso creo —como Frei Betto— que los jesuitas forjaron su carácter; pero la Revolución se la debe a la Universidad.

WR: ¿Se extraña a Fidel?

RF: Lo extraño todos los días de mi vida. Personas así no solo no deben morir, sino que en cierta forma no mueren nunca. Yo pienso en Fidel, como pienso en el Che y como pienso en Martí constantemente.

WR: Gracias a usted.

ER: Discúlpenos por tenerlo tanto tiempo…

WR: Gracias, Roberto.

ER: De verdad que es un inmenso privilegio poder conversar con usted, no solo de leerlo sino de escucharlo directamente.

Por: Elier Ramírez Cañedo, Wilmer Rodríguez Fernández (Tomado de Cubadebate)

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