Habana 500

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SOS, pregones habaneros en peligro de extinción

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La Habana moderna, La Habana  del progreso al que aspiramos, la de hoy y la de los 500 años; no podrá renunciar a su identidad cultural, a su singularidad urbana, a su distinción como metrópoli. La Habana de la nostalgia de los ausentes y la de los sueños de los que desean verla alguna vez, tiene un paisaje sonoro del que no pueden apartarse los pregones.

Pretendemos llamar la atención sobre las tendencias que pudieran dañar ese elemento de nuestro folklorismo identitario como capital cubana, que es el pregón.

Tanto la vulgarización banal y sin sentido de algunos vendedores de cualquier cosa, como las amenazas de criminalizarlo, ponen en peligro la autenticidad y la existencia misma de esos cantos callejeros que anuncian a las caseras y a todos los habitantes  que algo que necesitan se acerca a sus moradas.

Para adentrarnos en el tema resulta imprescindible retomar algunos conceptos que nos permitan entender la evolución histórica y los rasgos etimológicos del término pregón.

Los diccionarios de la lengua española coinciden en señalar que pregón es proclama, bando, anuncio, discurso, notificación, divulgación, advertencia, mandato, edicto, publicación y su antónimo es silencio.

En otras lenguas nos encontramos como equivalentes al pregón las palabras ban en el inglés y el francés, ausrufen en el alemán y en italiano bando.  

Por otra parte se define el verbo pregonar como publicar en voz alta algo para que todos los sepan. Publicar a voces la mercancía que se vende. En lenguaje figurado; publicar lo que estaba oculto o debía  callarse. Alabar en público las virtudes o cualidades de una persona. Y se encuentran sinónimos numerosos como vocear, publicar, revelar, descubrir, anunciar, divulgar, proclamar, manifestar, advertir, informar, difundir, declarar, expandir, promulgar, cotillear, enterar, propagar, ventilar, ensalzar, alabar, elogiar, adular, glorificar.

Si revisamos en los mismos diccionarios de nuestra riquísima lengua materna nos encontramos que los antónimos de pregonar  son: omitir, silenciar, ocultar, reservar, callar, denigrar.

Como puede comprenderse, existieron pregoneros en todas partes del mundo y en todas las épocas. Desde los tiempos de la lejana comunidad primitiva en que los miembros de la tribu conocían las adivinaciones del brujo mediante el anuncio a gritos de que llovería o sería buena la caza. Pasa por los edictos de los reyes y señores que eran proclamados a viva voz para que la plebe fuera alertada de sus deciamenazas de epidemias y agresiones.

Con el surgimiento del comercio y de los vendedores ambulantes se anunciaban los productos y los servicios a los pobladores lo mismo en la época del trueque que después de existir el dinero.

En América se extendieron los pregones de norte a sur y de este a oeste en los pueblos y las ciudades. Y llegaron a formar parte de la cultura urbana. Los pregoneros fueron desapareciendo de las ciudades paulatinamente con el surgimiento de los grandes mercados, la elevación creciente de los  edificios, el desarrollo de otros sistemas de comunicación para el anuncio de las mercancías y sus cualidades desde la radio hasta el internet y las compras virtuales.

Sin embargo, en Cuba el pregón sigue pegado a nuestras tradiciones como un personaje del folclor cubano. “Tan viejos como las nanas, perdidas en lo más recóndito del alma materna, tan rico melódicamente como ellas: el pregón constituye un capítulo imprescindible del folclor del pueblo cubano que posee sus secretos y su magia.”

En La Habana el pregón adquiere perfiles propios. Cada vendedor en dependencia de su imaginación y su musicalidad puede improvisar pregones de mayor o menor virtuosismo. En la época  colonial, constituyeron un capítulo inherente a la vida cotidiana no había uno solo de esos comerciantes que no tuviese su pregón de empuje, peculiar, reclamando así la acogida a su mercancía.

El origen del pregón habanero fue el anuncio de servicios y productos al público. Era una herramienta necesaria entre los comerciantes ambulantes, que así anunciaban su paso y la mercancía de la que disponían. El pregonero tuvo su auge al final del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

Con el desarrollo comercial de la capital cubana el pregón fue quedando en manos de comerciantes informales y ha tenido periodos de auge y de depresión en la misma medida en que estos vendedores y prestadores de servicios has crecido o disminuido. Pero siempre ha estado ahí, inseparable de nuestra cultura.

En el período de la República el comercio informal coexistió con los grandes mercados, restaurantes y hoteles como una vía de escape al desempleo, completaba el sector formal de la economía en manos de empresas capitalistas, muchas de ellas extranjeras. Abundaban los servicios de plomería, carpintería, electricistas, jardinería, reparación de viviendas  y se desarrolla  un sector gastronómico  y de alimentación como dulces, frutas, fiambres, conservas y helados. Los pregoneros anunciaban en los barrios estos productos y servicios  que eran adquiridos  por los habaneros alejados de la opulencia. En las entradas de cines y teatros hasta los más rancios burgueses de la época compraban los cucuruchos de maní, cuyos pregones son antológicos.

Los habaneros de la época despertaban con los pregones más originales de los vendedores de periódicos que recorrían las principales avenidas anunciando las noticias del día.   

En el periodo del 1959 al 68 muchas personas que deambulaban vendiendo cosas menudas se incorporaron al trabajo que ofrecía el gobierno revolucionario en todos los sectores, sin embargo se mantuvieron pequeños negocios familiares y de poca concentración de capital en las actividades de gastronomía, transportistas, producción de alimentos a pequeña escala y otros. Los pregones disminuyeron en La Habana, pero seguían ahí acompañando la nueva vida que surgía como una herencia indeleble de nuestra nacionalidad.

En los finales de los años 60 por razones diversas había resurgido en la sociedad cubana la economía capitalista y algunos de aquellos comerciantes se habían sumado a una contrarrevolución interna que obstaculizaba el proceso revolucionario que pretendía radicalizarse. En 1968 como parte de la llamada ofensiva revolucionaria fueron expropiados más de 58 012 establecimientos privados. Sin embargo en 1975  se revitalizó nuevamente el trabajo privado como consecuencia de lo aprobado al respecto en el I Congreso del PCC incrementándose los taxistas, mecánicos, sastres, fotógrafos, peluqueros, jardineros y otros.

Diez años más tarde, luego del III Congreso del PCC, se aplican un grupo de nuevas medidas restrictivas por lo que se vuelve a reducir de manera considerable el ejercicio del trabajo por cuenta propia quedando menos de 25 200 en todo el país. En la década de los 90 en medio de la gran crisis económica del período especial se produjo una nueva y gran apertura al sector no estatal en el país. Nuevamente en la primera década del 2000 se establecieron varias normas regulatorias y medidas de restricciones que redujeron una vez más el ejercicio del trabajo por cuenta propia  a menos de la mitad de lo que alcanzó en los 90.

En octubre del 2010 se produce la flexibilización para el ejercicio del trabajo por cuenta propia con ello se inicia un nuevo período en el crecimiento del sector privado urbano en el país. En la Asamblea Nacional de agosto de este año el General de Ejército anunció la decisión de ampliar el sector y en el mes de octubre se pusieron en vigor las nuevas normas manteniéndose un crecimiento sostenido  hasta llegar a las cifras nunca antes alcanzadas de más de medio millón de cubanos vinculados a este sector.

En La Habana existían en 2018 más de 182 000 licencias vigentes para el ejercicio de más de 200 actividades aprobadas por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.

Si bien en el listado de 2006 actividades autorizadas para ejercer, solo 10  son ambulatorias, en el reglamento para el trabajo por cuenta propia se define que todas pueden ser ejercidas en su domicilio o en el domicilio del cliente. Para hacer coincidir al cliente con el oferente de los productos y los servicios es imprescindible establecer una comunicación efectiva. Han surgido múltiples vías para logar el anuncio como los sueltos, los carteles, las páginas amarillas de ETECSA, las paginas digitales por internet como Ofertas de la ACN, Revolico y otras, los anuncios en TV, los anuncios por teléfono celulares y otras, no obstante esta proliferación de métodos para promover las ventas muchos prefieren todavía el pregón, que ha tenido en los últimos años un renacer donde se mezclan la tradición y la modernidad.

Los nuevos pregoneros apenas perciben la tradición de la que son auténticos portadores, la entonación de estos cantos que anuncian una mercancía se va perfilando hasta construir verdaderos períodos musicales. Existen modelos de expresión musical folklórica, que se fueron trasmitiendo de una a otra generación sin que este sufriera ninguna alteración.

Según Alejo Carpentier:

 “La verdad es que el pregón callejero, o los accesorios que sirven para anunciar sonoramente una actividad o tipo de comercio, se cuentan entre las cosas más misteriosas que puedan atraer la atención de un hombre.

Hay obscuras supervivencias, tradiciones de origen remoto, hábitos seculares, en esos anuncios vocales, en esos instrumentos primitivos de que se vale el profesional o vendedor ambulante para señalar su presencia [...].

…hallaremos sorprendentes inflexiones de cantus firmus, en el Mango... mangüeeeeee, con melisma final, que suele acompañar los carritos adornados con hojas de palma, en abril y mayo.

Por tradición, el Floreeeee... flooooores, tan típicamente habanero, debe entonarse con falsete de sochantre. Cuando los floreros son dos, suelen responderse de acera a acera, llevando por calles habaneras una inacabable antífona.”

Para Nicolás Guillén:

 “Es un arte que no todo el mundo puede dominar. La riqueza plástica de los pregones, su expresión teatral, su gesticulación, el detalle pintoresco, el doble sentido, la nota picante constituyen elementos esenciales de esta rica variedad del folclor cubano.”

Seguramente los abuelos de las calles de La Habana Vieja recordarán aquel pregonero de su niñez, que clamaba, con voz estentórea, por las mañanas: “Para pantalón y saco, traigo perchero barato”.

Cristóbal Díaz Ayala, en su libro Si te quieres por el pico divertir... (Historia del pregón musical latinoamericano), el estudio más completo que se ha hecho hasta el momento sobre el tema, recoge unos de los que aparecen en el teatro Alhambra, en este caso en la obra "Las cosas de Cuba", de Jorge y Guillermo Anckermann:

Patrona y Panchita: Oye, panetelita, sopa borracha/ y esto patele guayaba, / rico llevo lo pionono, / y estos merengues trovadores!

Y este otro; Ha llegado el casabero/ con guayaba y con quesitos, / de los guachinangos grandes / salen los guachinanguitos. / ¡Olelé, compañero,/ olelé, mis hermanos,/ ha llegado el caballero,/ el que vende la alegría,/ vale más comer casabe/ que jugar la lotería.

En el pregón, nuestros músicos encontraron motivos de inspiración, el teatro le creó un ambiente en los famosos dúos cómicos del negro y la mulata, que nace bajo su signo, y uno de sus más felices cultivadores fue el actor de género Arquímedes Pous, quien creaba sus pregones con el más puro acento popular. También, a través de la zarzuela, el sainete, en pasos cómicos y en casi todos los géneros de la música popular.

Las orquestas que interpretaban danzones incluyeron en su repertorio auténticos pregones tomados de los vendedores callejeros, que utilizaban para construir su última parte.

La irrupción del son en La Habana amplió aún más las posibilidades expresivas del pregón, que se convirtió, a partir de entonces, en una modalidad, en el que todas las composiciones del género son estilizaciones de músicos; ejemplos de ello son: El manisero, de Moisés Simons, que ha dado la vuelta al mundo, El frutero, de Ernesto Lecuona, Se va el dulcerito, de Rosendo Ruiz Suárez, Frutas del Caney, de Félix B. Caignet, El Yerberito,  Los tamalitos de Olga, El panquelero y El Camaronero que han recorrido el mundo en las voces más autorizadas de la canción cubana, como Rita Montaner, Bola de Nieves, Esther Borja y otros.

 

Han sido expuestos hasta aquí elementos que demuestran la autenticidad del pregón habanero, su fuerza como tradición cultural, que ha permitido que subsista, permanezca y se desarrolle en los entornos más hostiles.

El termino paisaje sonoro se refiere a los sonidos que caracterizan los diferentes ambientes naturales o urbanos. El paisaje sonoro de una zona de playa está caracterizado por el arrullo de las olas al llegar a la orilla que será tenue y suave si es una playa arenosa o será más brusco si las olas rompen en un  acantilado. Los bosques tienen sus propios paisajes sonoros caracterizados por el trinar de los pájaros, las hojas de los arboles movidas por el viento, la caída del agua de un arroyuelo y los sonidos emitidos por los animales que pueblan el área.

Las ciudades también tienen sonidos específicos que conforman su paisaje sonoro urbano y las diferencia de otras. Así en Londres será característico el sonar del gran reloj del Binbeng el ir y venir de los trolebús y el ruido más o menos imperceptible de los autos en la avenidas.

La Habana de hoy tiene un paisaje sonoro urbano donde se mezclan  los timbres de las escuelas llamando a los escolares al matutino, los motores de los viejos y modernos autos que circulan por sus calles,  de manera ocasional la sirena de una ambulancia o de los bomberos que acuden a una emergencia, los gritos de vecinos que se comunican desde los balcones para avisarse que llego el pollo por pescado,… y de los pregoneros que anuncian los más diversos productos y servicios con o sin licencias.

¡Vamos vecina que llego el tamal!, ¡panaderooooo!, ¡el cloro y el aromatizante!, ¡galleta de mantequilla y ajonjolí!, ¡escobas, percheros, palitos de tender y pozuelos pa la merienda, ven vecina ven!; ¡el bocadito de helado! ¡Vamos coge tu jaba aquí la tengo de uno y de diez!, ¡cebolla grande y chiquita a tres y a cinco pesos la pata!,¡flores, flores florerooooo!

Los servicios que se anuncian también son infinitos y casi todos muy necesarios Se reparan y se forran colchones, se reparan cocinas de gas, se hacen muebles a su gusto, se reparan sombrillas, en fin….

Pero incluso de forma más velada y tal vez a menor volumen se proclaman productos en los mercados agropecuarios (estatales, de oferta y demanda de cooperativas u otros) Vamos tengo la malanga rebajada, el plátano burro bien maduro, limón criollo a  tres por cinco pesos…. Otro tanto ocurre en ferias tan famosas como la de los Almacenes San José o la de calle 23 donde una  parte de los clientes son extranjeros; guayabera cubana del color que usted prefiera, mire mister que lindo recuerdo de Cuba.

Y una modalidad de recicladores de todo tipo de objetos que nos recuerdan la lámpara vieja de Aladino, y pregonan; ¡se compran refrigeradores rotos!, ¡compro pomos de perfume vacíos y en buen estado!, ¡se compran cajitas de relojes viejos!, ¡compro televisores y ventiladores rotos!,… y hasta ¡se compra cualquier pedacito de oro! 

La integración del pregón al paisaje sonoro de La Habana de estos días resulta irrefutable, sin embargo tal como se consideran agresiones a ese paisaje sonoro los estridentes reproductores de música de algunos autos y hasta de bicitaxis, los equipos  de algunos vecinos que pretenden que todo el barrio escuche el reguetón de moda, los sonidos de algunos grupos electrógenos, los gritos de los trasnochadores que salen de centros nocturnos como, la música alta en algunos bares y cabarets que no tienen aislantes, así también se pretende por algunos establecer que los pregones constituyen una amenaza para el descanso y la tranquilidad de los ciudadanos.

En la creciente campaña contra el ruido dañino a los seres humanos se ha incluido de manera superficial a todos los pregoneros. Un spot televisivo por estos días iguala a un pregonero que anuncia ¡galletas de mantequilla las mejores de La Habana!, con los ruidos arriba mencionados.

Algunos funcionarios encargadas de combatir el ruido no hacen distinción entre los sonidos, asociando los pregones a sonidos no deseados o dañinos para la salud y por tanto vinculándolo al Artículo 11 del Decreto-Ley 200 inciso a) infringir las normas relativas a los niveles permisibles de sonidos y ruidos.

Los pregoneros considerados infractores son multados con cuantías de 200 y hasta 2250 pesos. Entre ellos floreras que adornan el malecón en las tardes de enamorados o afiladores de tijeras y cuchillos por la melodiosa música que anuncia su presencia en las calles por considerar que su oficio no puede ser ambulatorio.

Si tenemos en cuenta que ruido es entendido como sonido que está en el medio ambiente y que no es deseado. Según esta acepción la música más excelsa puede ser catalogada como ruido por aquellas personas que no desean escucharla.

Sin embargo cuando entendemos el ruido como una contaminación acústica del paisaje sonoro se está haciendo referencia a un ruido con una intensidad alta que pude no solo molestar, sino que puede ser perjudicial para la salud humana.

Se llama contaminación acústica al exceso de sonido que altera las condiciones normales del ambiente en una determinada zona.

Cuando nos atenemos a las consideraciones anteriores los pregoneros que pasan en horas del día vendiendo sus productos nada tienen de agresivos, más bien son como un adorno a la urbanidad habanera tan diversa y rica en cada uno de sus barrios. Al tiempo que manifiestan elementos de nuestra cultura, tienen un  valor utilitario para vendedores y compradores.

Interrogados al respecto algunos vendedores ambulantes refirieron los siguientes argumentos: cuando pregono vendo más, la gente espera oírme para salir a comprar los tamales para completar su comida, cuando pregono mis pasteles los niños le dicen a los padres que salgan a comprarles, si no pregono se me pudren los aguacates, me gusta pregonar las señoritas me siento menos sola cuando lo hago, el pregón es bonito para vender flores, etc

Aunque tales aseveraciones no dejan de ser valederas, existe un grupo de vendedores que han distorsionado el pregón. Los taxistas que en la salida de las terminales asedian a los pasajeros, casi impidiendo el paso y gritando los destinos de sus viajes, los que sin remilgos han instalado en sus carritos altoparlantes con grabaciones de música y anuncios de sus productos, los que en marcados cerrados compiten voceando las ventajas de sus productos para vender más que el de la tarima de al lado, los que asedian a los turistas en las calles ofreciendo sus productos de manera impertinente o los que en la entrada de las ferreterías o las grandes tiendas le ofrecen a los compradores cualquier cosa que se revende escondido a unos metros del lugar.

Otra manifestación negativa del asunto lo es sin dudas los que a altas horas pretenden vender algo e inundan con gritos la tranquilidad de la noche, en la que la gente está para ver las películas, dormir o enamorar sin las incomoda presencia de un pregón inoportuno.

Ambas tendencias; la intensión de criminalizar el pregón convirtiéndolo en una contravención o un delito y la vulgarización a que algunos vendedores le han sometido con la intención de capturar a los clientes atentan contra la hermosa tradición pregonera que ha enriquecido la cultura habanera desde sus orígenes.

La  historia de los pregones habaneros, que casi llega  a los 500 años junto con la  Villa de San Cristóbal nos hace pensar en que perdurarán, sin embargo como la ciudad que los acuna nuestros pregones  están necesitando de mentes amplias y racionales que les protejan de cualquier amenaza

Evaluar en su justa medida el tema, le corresponde sobre todo a las autoridades locales, responsabilizadas con la defensa de su patrimonio cultural  y con el derecho de sus ciudadanos a la tranquilidad y el disfrute de su paisaje sonoro.

 

Autora: MsC. Isabel Hamze Ruiz

 

Referencias Bibliográficas

Barnet, Miguel. El pregón: un personaje anónimo de nuestro folklore. En: La fuente viva. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1998.

Carpentier, Alejo. Pregones habaneros. En: Temas de la lira y del bongó. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1994.

Díaz Ayala, Cristóbal. Si te quieres por el pico divertir... (Historia del pregón musical latinoamericano). San Juan, Editorial Cubanacán,1988.

Galán, Natalio. Cuba y sus sones. Valencia, Pre-Textos Música, 1997.

Grenet, Emilio. Música popular cubana. La Habana, Carasa y Cía., S. en C., 1939.

Guillén, Nicolás. Pregones. En: Prosade prisa. La Habana, Editorial Arte y Literatura, 1975, t. 1.

Scholes, Percy A.. Diccionario Oxford de la música. La Habana, Editorial Pueblo y Educación, 1973.

Resoluciones 41 y 42 del MTSS. Gaceta Oficial Ext. 35. 2013

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