Sumario: Reina de la Paz Campo Falcón con su labor da fiel tributo a su nombre.
Algunos lloran ante la visita de ese soldado de bata blanca con un “oyecorazones” colgado al cuello. Otros, en cambio, toman sus medicamentos sin chistar, pues saben que el payaso debe estar al llegar y quieren sorprenderlo con las bolas nuevas.
Es jueves y, como de costumbre en esos días, los coloridos actores van y vienen por los pasillos del Hospital Pediátrico Cardiovascular William Soler. Mantequilla, personaje que interpreta Reina de la Paz Campo Falcón hace más de 20 años, es parte del batallón de narices rojas que abarrota el centro médico.
Las salas de cines y teatros de La Habana eran testigos de la entrega de Reina en cada presentación. Sin embargo, en 2012, cambió los grandes escenarios por las salas del hospital. Ahora es payasa terapéutica.
Mantequilla se formó como rehabilitadora emocional en el segundo taller de payasos terapéuticos que se desarrolló en Cuba bajo la iniciativa de la canadiense Adrianne Hunter y el grupo infantil La Colmenita.
“Comencé a trabajar en el William Soler en un momento complicado de mi vida personal, pero al llegar a este lugar me daba cuenta que mis problemas no eran nada comparado con lo vivido por los niños”, explica.
Coincidentemente, con el año del 500 aniversario de la capital, Reina y sus colegas obran por concretar su proyecto profesional más ambicioso.
Los sanadores del alma del país planean unirse en una asociación rectora de su metodología y guía de trabajo. Asimismo, se proponen profesionalizar su formación, pues consideran que los talleres no son suficientes para aprender una labor tan compleja.
Ser un payaso terapéutico no es ir al hospital a hacer dos o tres gracias, ni tampoco regalar un juguetico, asegura. Hay que estar preparados emocional, espiritual y psicológicamente, estar limpios de toda maldad, ser capaces de entregar amor a cambio de nada y creer que lo que haces vale la pena.
Texto y foto por: Laura López Montoto
Pie de foto: La payasita Mantequilla, y a su derecha, el hada madrina Yuleidy Batista Corso, también payasa terapéutica.
Es una historia conmovedora, muchas personas hacen cosas hermosas por los demás, por todos y por La Habana. Queremos conocerlas. Adelante Libélula, vuelen a traernos los nombres de los que en La Habana profunda viven todos los días experiencias especiales de amor y de labor.














