Este dicho popular lo citaba mi madre para resaltar –ante cualquier comparación con otro lugar o acontecimiento sobresaliente- que a pesar de la dimen
sión de esta urbe, o sus complejidades, aquí no amilanaban los retos.
No nací habanera y precisamente por eso tuve el beneficio de experimentar el deslumbramiento ante la gran ciudad. La primera vez que vine de vacaciones a la capital, se grabaron en mi mente infantil el ritmo ágil del tránsito en las calles; los olores y sabores peculiares de sus centros gastronómicos; la mancomunidad de gente, entonces muy bien vestida, y siempre de prisa.
Luego matriculé Periodismo en la misma universidad de Mella, Echeverría, Fidel. Entre las emociones de mi época estudiantil, atesoro haber pisado los lugares donde estuvieron estos y muchos otros grandes, así como haber tenido el privilegio de bajar la escalinata de aquellas encendidas protestas contra Batista y las marchas de las antorchas en honor a Martí.
Poco a poco, el hechizo habanero surtió efecto en mí. Disfruté de rojos amaneceres en el largo y siempre concurrido malecón, aspiré el olor a mar de su litoral, y no tuve dudas de un amor a primera vista.
Enclavado en medio de La Rampa capitalina, se ubica el hotel Habana Libre, donde se enseñorea aún el maravilloso mural hecho por Amelia Peláez.
También fui cautivada al encontrarme con sitios emblemáticos, incomparables por su magnitud arquitectónica con otros del país: el hotel con mayor número de pisos (entonces Habana Libre), el monumental Cristo de La Habana, la maravilla sumergida del túnel de la bahía, el amplio mercado de Cuatro Caminos, el gigantesco complejo siderúrgico Antillana de Acero, la Plaza de la Revolución, desde donde se aprecia en lo alto buena parte de la ciudad… Estos y muchos otros lugares constataron el hecho de ser La Habana, “la más grande”.
De la capital me apresaron, además, sus sabores: el helado de Coppelia, las medianoches y los sundae que solían venderse en El Carmelo y el Potín; los deliciosos panes de la esquina de Toyo. Me gustaron igualmente las playas del este; la vida nocturna con disímiles opciones como los espectáculos musicales y teatrales, disfrutados en el Mella, el Amadeo Roldán y el Carlos Marx.
Sin proponérmelo, acabé integrada culturalmente a la “habanidad”, como otros cubanos venidos de acá y de acullá, siempre calificados jocosamente por los habaneros oriundos como gente “del campo”, aunque no procedamos de las serranías.
Como parte de la asimilación de esta provincia y sociedad, receptoras de disímiles etnias y tradiciones nacionales, aquí he adquirido malas costumbres como andar como si nada por el medio de las calles de Centro Habana, aunque siempre recelosa de que algo caiga desde un balcón imprudente. He aprendido, como bien ocurre en otras urbes del mundo apremiadas por la urgencia, a comer caminando: pizzas, perros calientes, sándwiches…
Se me ha vuelto cotidiano subir a los ómnibus por cualquiera de las puertas, pedir suplicante “un pasito, caballeros, miren que la guagua está vacía” (aunque en realidad no quepa ni un alfiler más), y aceptar apretujarme de manera solidaria con otros pasajeros para que así monten más personas.
La fortaleza del Morro, el malecón y la cercana entrada al túnel de la bahía, todo conjugado en espectacular belleza.
Sin ofenderme, hoy acepto ser llamada lo mismo tía, “pura” o madre, sin mediar parentesco alguno con el habanero que así me diga, pues sé que no existe irrespeto en tal confianza familiar. Pero jamás he podido identificarme con malas palabras o frases vulgares usadas en la jerga popular para rechazar, ofender, o simplemente sentirse a la moda en el hablar cotidiano de estos lares.
Tampoco acepto el comportamiento de quienes arrojan desechos en las esquinas, convirtiendo a la urbe en un basurero gigante. Si los habitantes de otras localidades de Cuba cuidan la higiene y siguen un buen actuar citadino en sus provincias, ¿por qué los habitantes de La Habana no?
Aunque ya esta urbe no se barra todos los días, como destacaba el dicho popular, esta es una ciudad maravillosa. Nadie lo dude. Por eso, próximo a cumplir sus 500 años de fundada, múltiples esfuerzos se unen para renovar los brillos de la villa y seguir haciendo de ella lo más grande.
Programa por el 500
Andamios, bloques, cemento, tuberías, todo se conjuga en esta provincia para hacerla más hermosa, con el apoyo de su gente
El programa por el 500 aniversario de La Habana tiene entre sus principales objetivos mejorar el entorno urbano y los servi-cios a la población.
De abarcadores y medulares han sido calificados los proyectos y obras para la celebración del aniversario 500 de la fundación de la villa de San Cristóbal de La Habana, programa comandado por el Grupo Gubernamental de apoyo a la capital, y bajo las orientaciones de una Comisión Central, encabezada por el presidente de los consejos de Estado y de Ministros, Miguel Dáz-Canel.
La reparación de decenas de centros emblemáticos como el Capitolio Nacional, la escuela Rafael María de Mendive, el Castillo de Atarés, las terminales de ferrocarriles y de cruceros, el edificio de la Aduana, el parque deportivo José Martí y el Barrio Chino, entre otros, mantienen a la ciudad en un ajetreo constante.
Algunos habaneros se frotan las manos esperando a que abran, ya remozados, el mercado de Cuatro Caminos o el parque tecnológico Finca de los Monos, mientras otros se muestran satisfechos con los arreglos en el hospital Calixto García, la escuela vocacional Lenin y el estadio Latinoamericano.
También hay sitios catalogados en el programa como principales, que renuevan la imagen de la urbe. Es el caso de los centros recreativos El Castillito y el teatro América; o lugares habituales de comercio y gastronomía que embellecen, como el boulevard de San Rafael, e instalaciones de Galiano y del proyecto Malecón. Futuras atracciones para el ocio constituirán el Globo Aerostático de Casablanca y el paseo en yate por la bahía.
Una de las instalaciones emblemáticas de esta ciudad, el capito-lio, vuelve ser un lugar admirable.
Para quienes aprecian las ofertas gastronómicas, se emprende la recuperación de restaurantes, heladerías, pizzerías, panaderías y dulcerías. Asimismo, se les “pasa la mano” a los restaurantes El Conejito, El Cochinito, y a la ostionera de Infanta y San Lázaro, entre otros.
No quedan atrás los mercados integrales de 17 y K, en el Vedado; y los de Boyeros, Regla, Ánimas y Soledad, este último en Centro Habana.
Como parte del desarrollo de la industria alimentaria nacional y local, se realizan inversiones que aumentarán la capacidad productiva y las ofertas a la población. Este subprograma prevé nueve líneas de producciones nuevas, entre otras, de quesos, helados, yogurt, caramelos y galletas.
Arterias principales como las calles 23, Malecón, Avenida del Puerto, Paseo, calle G, 5ta Avenida y Línea, quedarán pronto como nuevas, incluyendo los retoques a instalaciones de servicio y la pintura de fachadas hogareñas. Igual se priorizan los nodos de 23 y L, 23 y 12, Zapata y 12, 23 y 41, Vía Blanca y Fábrica, esquina de Tejas, parque de La Fraternidad y esquina de Monte y Reina, así como los entornos del Capitolio Nacional y el ya mencionado boulevard de San Rafael.
Arduo es el trabajo para que 50 parques de todos los municipios capitalinos queden más bellos e iluminados. Igual se engalanan los monumentos y 15 fuentes, así como cuatro entradas principales de la ciudad.
Una especie de “gardeo a presión” se ejerce sobre la obtención de materiales de la construcción y la edificación de casas, para mejorar el estado habitacional de las viviendas en esta provincia.
Todos los municipios capitalinos reciben el beneficio de obras sociales, productivas y de embellecimiento.
Once Comisiones de trabajo y cuatro Grupos de Expertos técnicos atienden que todo quede listo para el 16 de noviembre de 2019, fecha del cumpleaños 500. Sumados a los amplios propósitos están varios organismos constructivos, donde arquitectos e ingenieros, albañiles, choferes y especialistas, no descansan para terminar las obras en las fechas pactadas a lo largo de 2019.
También se involucran entidades como Viales, Áreas Verdes, Empresa Forestal Habana, Cimex, Palmares, Inoxidables Varona, Ministerio de Transporte, Grupo Empresarial de la Industria Alimentaria, además de cooperativas no agropecuarias y trabajadores por cuenta propia.
Como nadie quiere dejar de hacer algo por la capital, a la jornada de celebraciones se unen músicos, artistas plásticos y otros creadores, que realizarán conciertos, galas, exposiciones, carnavales, ferias, festivales y cuanto espectáculo pueda sumarse al anhelado cumpleaños.
Por CARIDAD CARRO BELLO/ Bohemia
Muy completo el articulo, da una vision bien detallada de lo que se est;á haciendo, solo falta divulgar mas en los barrios para que cada capitalino sienta la actividad como propia y no solo del Grupo Gubernamental y las entidades involucradas. En los barrios los delegados junto a las organizaciones de masas deben eliminar vertederos, limpiar las calles, que cada mercado se engalane con sus propios medios. Hay lugares donde se convive entre la basura y la pudrición innecesariamente. Lo he planteado varias veces, no se si se me atiende, pero hace falta explicar por comunales o por el gobierno de la Provincia como es el sistema de recogida de basura, como comunales debe acudir de inmediato a algún organismo que cuente con transporte adecuado para utilizarlo como reserva cuando sus medios esten con problemas. No debe seguir sucediendo que pasan dos, tres y mas días sin que se recoja la basura, tiene que haber un sistema con su reserba. Estuve en Santiago de Cuba, llama la atención la limpieza y cuidado de la vegetación en parques y jardines, pregunté, me dijeron que a partir de las 8 de la noche pasa el camión tocando la campanita para que las caseras saquen la basura. En La Habana no es solo de técnica y de camiones nuevos, no es de contenedores, es necesario que cada cual en su barrio seoa el sistema que le toca, a quien se llama si falla. Les invito a que se acerquen en el reparto La Coronela, frente al Círculo Infantil Teté, frecuentemente la basura desborda los contenedores y el agro de la esquina apesta por los productos en mal estado. Por las tardes los niños no pueden jugar en el parque infantil por la pestilencia. A propósito este c'rculo cuenta con un pequeño parque donde hay canales, columpios y cachumbambé con mucha falta de mantenimiento pero los usan los niños del círculo y por las tardes otros niños del barrio, sería bueno que aluna entidad de la ciudad que disponga de los materiales necesarios ayude al recate de los mismos, no es mucho lo que hace falta, los cachumbambé uncionan gracias a un padre que los reparó, las canales están careadas, se enganchan las ropas de los niños pero así y todo disfrutan deslizarse por ellas. Por favor, alguien pudiera cooperar?. Los niños se lo agradecerán














